Ideología y marxismo (El hombre en la historia)
Para Polo, la ideología es el saber operativo que intenta determinar el futuro desde una interpretación de la esencia del hombre; es cultural e histórica por naturaleza. El marxismo es su ejemplar más típico: formula un saber absoluto sobre el porvenir, identifica el sentido del trabajo con el del destino y, más que un materialismo, resulta un culturalismo, pues sus leyes dialécticas valen para la historia confundida con la cultura. Al suprimir la diferencia entre lo agible y lo factible, vuelve imprudente la moral. Supone además que la historia puede culminar, lo cual atenta contra el sentido trascendental de la libertad. Como toda ideología, termina en fracaso, y el autor la considera una versión herética del ascetismo cristiano.
Capítulos: 1Autores comentados: Marx, Hegel, Espinosa
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Historia como situación de la libertad (El hombre en la historia)
En este capítulo, Polo entiende la historia no como simple sucesión de hechos, sino como una situación general e insuperable de la libertad, que se vierte en la cultura. El hombre transita por el mundo desplazando y cambiando horizontes y acumulando experiencia, pero esa inagotabilidad no equivale a un más allá que pueda alcanzarse por etapas. La historia no depende del fundamento, sino de la libertad, y no puede culminar: de ahí que no haya filosofía de la historia y que su fin sea un tema teológico. Polo distingue esta situación de la situación límite de Jaspers y de la historiología de Hegel. Sostiene que la historia está ligada a una decisión originaria, el pecado original, y que su descubrimiento es un hecho cristiano.
Capítulos: 1Autores comentados: Jaspers, Hegel
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Dualidad trascendental de libertad y fundamento (El hombre en la historia)
Polo sostiene que la libertad y el fundamento deben conjugarse sin identificarse: la dualidad trascendental. La metafísica tiende a polarizarse en un fundamento único, y entonces sacrifica la libertad, o la libertad relativiza la teoría, como ocurre en el neoplatonismo, Ockham, Nicolás de Cusa o Kant. Heidegger denunció la estructura onto-teológica de la metafísica sin superarla. Solo la libertad puede superar esa unicidad, pues también ella es trascendental. Como la libertad está debilitada por la historia, esa distinción no se alcanza al margen del saber de salvación. De ahí concluye que la naturaleza del hombre depende de la libertad, y que solo asentada en la persona puede mantenerse la noción de naturaleza, entendida como principio de operaciones.
Capítulos: 1Autores comentados: Heidegger, Ockham, Nicolás de Cusa, Kant, Hegel
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La técnica como actitud libre (El hombre en la historia)
Para Polo la técnica no es un conjunto de cosas fabricadas ni un simple grado de perfeccionamiento científico. Los grandes cambios técnicos se entienden sólo desde la decisión libre: ninguna época explica a la siguiente, apenas la posibilita, y alguien tiene que decidir cuáles de las posibilidades se hacen efectivas. Por eso lo técnico no es un objeto del mundo, ni pensamiento, ni producto presente, sino algo que depende del hacer y de una condición existencial libre. El soporte material que la técnica incorpora no es lo técnico, y el hombre puede pasar de largo ante cualquier realidad sin convertirla en medio. Considerar natural u obvia una técnica es un error de perspectiva. De este modo la técnica, con todo su despliegue, queda englobada en la historia como situación de la libertad y resulta insuficiente para resolver el destino humano.
Capítulos: 2Autores comentados: Hegel, Marx
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Acción infinitiva (técnica antigua y medieval) (El hombre en la historia)
Polo contrasta la técnica moderna con la de épocas anteriores describiendo estas últimas como una interpretación infinitiva de la acción. Los fines se piensan como acciones definidas, expresadas en infinitivo: arar, sembrar, guerrear, navegar. Los objetos técnicos se integran en ese hacer: la espada no existe aparte, sino blandida dentro del guerrear, y el hombre no se detiene en el objeto sino que lo inserta en el curso de su acción. Dentro de esta época distingue dos fases. En la primera domina una visión sustancialista, en la que las acciones tienen vigencia propia casi fascinante. En la segunda, la medieval, el acento recae en la persona: guerrear es guerrear yo, y el bien de la acción se vincula a un deber personal y al mérito. Ambas son precientíficas y entienden de modo muy distinto el destino humano.
Capítulos: 2Autores comentados: los griegos
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El utensilio (El hombre en la historia)
En la época moderna el objeto técnico pasa a ser lo que Polo llama utensilio: un artefacto que trae consigo su propio fin y absorbe la operación humana en forma de uso. A diferencia del árbol, al que el hombre confiere el uso, el utensilio nace con él y dirige desde sí la porción de acción que le corresponde. Por eso la producción no termina en un resultado estable: el producto se convierte en bien de consumo y, para quien lo maneja, en uso, de modo que cada fase reclama una actividad distinta y destruye la estabilidad de la anterior. Ni el empresario ni el trabajador entienden del todo su función. Polo rechaza que haya aquí una objetivación recuperable del hombre, como pretende la dialéctica: el utensilio lo lanza más allá, y la técnica carece de resultados definitivos, lo cual impide hablar de culminación histórica.
Capítulos: 2Autores comentados: Hegel, Marx
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La técnica como riesgo histórico (El hombre en la historia)
La técnica moderna, dice Polo, entraña riesgo, y la ciencia no lo disminuye sino que lo alimenta: asegura que la proyección hacia nuevas posibilidades no se detendrá, pero no puede darle un valor final ni anticiparla. Correr un riesgo es ir acompañado por él, no haber llegado todavía a puerto. Frente a ello, el clasicismo se refugia en el pasado, como si el riesgo alguna vez se hubiera vencido, y la futurología dialéctica pretende asumir la novedad eliminando el riesgo, lo que equivale a un clasicismo al revés; ambos renuncian a la libertad. Detener la técnica tampoco es solución, pues exigiría una reglamentación asfixiante de orden técnico. Por último, la intensificación técnica de la historicidad desplaza a la metafísica si ésta se reduce a pasado, y Polo defiende que su perennidad depende de que hoy se pueda filosofar.
Capítulos: 2Autores comentados: Hegel, Marx
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La historia como discontinuidad de comienzos libres (El hombre en la historia)
Polo propone como guía para interpretar la historia una noción: es la discontinuidad de los comienzos libres. Esto significa que la historia no es una idea ni una serie de sucesos, sino una situación general en la que la libertad ha de ejercerse comenzando y volviendo a comenzar. Ninguna opción es definitiva, porque la marcha histórica la desvanece, y por eso la historia carece de causa formal y no admite culminación. Es un entramado interhumano, no un sujeto hipostático: el hombre aislado no es histórico, pues para él la pérdida del futuro sólo termina con la muerte. La discontinuidad no es un corte causal entre decisiones, sino algo completo que alude al comienzo mismo y que permite superar la articulación cultural. De ahí que la historia sea irrepetible y de intensidad variable.
Capítulos: 2Autores comentados: Hegel
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Libertad trascendental y futuro (El hombre en la historia)
Polo sostiene que la libertad es un trascendental antropológico: toda interpretación del hombre que la omita queda incompleta. La describe como la posesión del futuro en cuanto futuro, es decir, de un futuro que no deja de serlo por ser poseído. Por eso no es la libertad psicológica ni la elección entre opciones, sino su condición. El futuro humano no es una dimensión del tiempo cósmico ni un término al que se llegue, ni algo que la libertad produzca o proyecte: se abre en ella y se otorga junto con ella, por lo que es libertad creada. Tampoco puede probarse con argumentos lógicos ni conocerse por intuición; sólo se alcanza ejerciéndola. Polo rechaza la autodeterminación como proyecto irrealizable y distingue la libertad humana de la divina, que no se posee en orden a ningún futuro.
Capítulos: 2Autores comentados: Heidegger, Hegel
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Pérdida del futuro (el canje) (El hombre en la historia)
Si la libertad es posesión del futuro, éste es susceptible de pérdida. Polo habla de un canje del futuro: no es una opción entre dos posibilidades, sino una caída, un cambio de nivel que ocurre cuando el hombre intenta encauzarse hacia el futuro como si fuera una posibilidad operativa. Su esencia, realmente distinta de la libertad, no puede cumplir tal pretensión y el resultado es el menoscabo de la integridad. Esa pérdida no aniquila la libertad, que perdura, pero deja una situación abierta a posibilidades inagotables. Tampoco hay un primer acto libre dentro de una serie: lo ocurrido fue un canje completo, anterior a toda sucesión. Desde entonces la libertad se ejerce de forma discontinua. Al decir sí o no se opera según el futuro, no a él. Polo rechaza además que el futuro pueda ser conocido o anticipado por saberes teóricos.
Capítulos: 2Autores comentados: Heidegger
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Presencia mental (El hombre en la historia)
La presencia mental es, para Polo, la articulación que permite pensar objetos, conservar el pasado y abrir posibilidades culturales. No es una realidad extramental, tiene un valor de necesidad y no admite crecimiento ni seriación: las presencias no se acumulan ni se suceden, y el pasado no puede ser otra presencia. La libertad la rebasa, pues el futuro no es mera garantía de la presencia ni se transforma jamás en objeto; pensar y existir como libertad son distintos. Tampoco la presencia depende de la libertad en el sentido de recibir de ella su ser, y para la antropología no plantea una cuestión de fundamentación. Lo que explica que mi presente sea mío y no de cualquiera es la situación histórica, y no una determinación individual. De ahí que la historia no sea un objeto, sino inserción humana.
Capítulos: 2Autores comentados: Kant
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El pasado como lo necesitado de comprensión (El hombre en la historia)
Para Polo el pasado es lo que ya no es y no se mantiene en el ser, de modo que sólo subsiste en la comprensión que de él ejerce la libertad. No es una presencia anterior ni una determinación que influya hacia delante, sino algo inacabado, insuficiente y necesitado de comprensión libre, no meramente teórica. Esa necesidad no elimina la libertad: es una ocasión y un compromiso que la concentran y exigen su renovación, y de ahí se deriva el carácter situacional de la historia. El pasado es mío porque he de sufrir su deficiencia. Cuanto mejor se comprende, más futuro posee el hombre, pues la comprensión depende de la capacidad de futuro. Polo observa que la edad moderna se ocupa del pasado para desecharlo, y que la dialéctica pretende clausurarlo como etapa caducada.
Capítulos: 2Autores comentados: Hegel, Marx
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El dato y la ciencia histórica (El hombre en la historia)
Polo critica el valor cognoscitivo de la ciencia histórica. El historiador trabaja con datos, que no son sucesos sino aquello en que se nos dice el suceso, de modo que la disciplina es ante todo narrativa y no un saber teorético, sino una hermenéutica de datos. El dato no dice por sí solo el sentido ni la conexión real de lo ocurrido, y la dualidad entre dato y pasado es irreductible. Por eso cierra la posibilidad de entender teóricamente el pasado y, con ella, la de una filosofía de la historia. Estudiar datos sobre el pensamiento o la conducta de otros no equivale a entrar en relación histórica con ellos ni a comprender la historia. Polo añade que las leyes de desarrollo cultural con valor de previsión, propias del historicismo, nacen de atenerse al panorama de una época y resultan superficiales.
Capítulos: 2Autores comentados: Marx, Hegel
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Fatalidad como descarrío de la libertad (El hombre en la historia)
La idea de fatalidad surge, según Polo, de la diferencia entre una libertad sin pasado y una libertad que ha de comprender un pasado. Pero la fatalidad no es una verdadera determinación de la libertad ni viene del cosmos o de la cultura: consiste en constreñir la libertad a las virtualidades de la presencia mental, y nace de un mal uso de aquélla, el vano intento de llegar al futuro a través de procesos culturales. Se origina en la decisión y se consuma en la marcha de la historia como confianza excesiva en lo que tiene sólo valor instrumental. Los procesos culturales no son una trampa salvo cuando imponen su carácter conectivo al ejercicio descarriado de la libertad. Del mismo modo, la esencia del hombre sólo se impone como cauce cuando éste se desvía hacia una pretendida autorrealización. La necesidad cultural no determina a la libertad.
Capítulos: 2Autores comentados: Marx
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Pecado original como deficiencia del pasado (El hombre en la historia)
Polo ofrece una formulación antropológica del pecado original, sin perjuicio de lo que añade la Revelación: es la deficiencia del pasado que entraña una situación de compromiso. Adán, el primer hombre, no tenía pasado, y su integridad es antehistórica; la historia empieza con la caída. Nosotros, en cambio, tenemos un pasado del que no podemos aislarnos y nuestra libertad carece de integridad. El pecado no actúa como un factor negativo ya definido que corrompa desde fuera una estructura humana, ni deja a la libertad a medias y a medias fatalidad: la libertad lo recibe según su propio modo, se debilita y pierde un cierto modo de alcanzar el futuro, aunque no algo, pues el futuro no es una cosa. El pasado es entonces ocasión y emplazamiento, no obstáculo, y de ahí nace la discontinuidad de la historia.
Capítulos: 2Autores comentados: Adán
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Altura histórica (El hombre en la historia)
La altura histórica es, en el vocabulario de Polo, la historia como superación de la constancia del pasado: el trance en que la comprensión del pasado tiene éxito en términos de libertad. La fija la discontinuidad incoativa de la libertad, y por eso la historia es irrepetible; pero esa irrepetibilidad no impide la noción de situación general, porque el pasado puede retenerse dentro de la articulación presencial que lanza hacia posibilidades ulteriores. La comprensión del pasado ofrece un cuadro de posibilidades, pero depende de una inspiración más honda, la propia capacidad de futuro del hombre. Polo afirma que el punto culminante, el clímax, es el ámbito que abre la Encarnación del Hijo de Dios. Además, ninguna época es juez de otra ni su determinante, y la historia nunca alcanza una culminación dentro de sí misma.
Capítulos: 2Autores comentados: Hegel
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Crítica a la dialéctica y al marxismo (El hombre en la historia)
Polo dirige varias críticas a la interpretación dialéctica de la historia. Primero, que los tipos de técnica no se relacionan dialécticamente, pues no son objetividades fijas. Segundo, que el utensilio moderno no objetiva al hombre para que éste se recupere tras una alienación: lanza la acción hacia delante y excluye cualquier culminación. Tercero, que la dialéctica pretende asumir la novedad eliminando el riesgo, lo cual es un clasicismo al revés, y que sirve para desentenderse del pasado, considerándolo caducado como etapa antitética. Esa discontinuidad ya no es la de los comienzos libres, sino de la contextura misma de la historia vertida en la cultura, y es el error de perspectiva del marxismo. Por ello lo califica de soteriología: promete una salvación intrahistórica que la libertad y la técnica desmienten.
Capítulos: 2Autores comentados: Hegel, Marx
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