Libro447 págs.1952-55 Polo, 26-29 años
Antropología fundamental
Esta obra constituye –según él– la 2ª parte de su tesis doctoral, cuya 1ª se centró en la noción de ‘persona’ en Derecho.
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Es un libro de 447 páginas que Polo escribió en Roma entre 1952-55 (entre sus 26-29 años); Contiene 4 capítulos –a los que en su publicación (66 años después de su confección) se añade un 5º que es de las mismas fechas–. Esta obra constituye –según él– la 2ª parte de su tesis doctoral, cuya 1ª se centró en la noción de ‘persona’ en Derecho. Estos textos son de lectura ardua, del estilo de sus primeras publicaciones, en las que se ve la insólita altura filosófica del autor pese a su juventud. ¿Por qué Polo no publicó este amplio y temprano volumen de antropología? Porque, como él mismo dejó escrito en él, “antes de la investigación encaminada a mostrar la esencia humana, hay que alcanzar el ser”, pero aquí procedió justo a la inversa, por lo que dejó supuesto el ser personal humano. Por tanto, más que un trabajo de antropología trascendental, se trata de un estudio sobre la esencia del hombre. Sus 5 apartados son:
a) ‘La antropología de Heidegger’. En él Polo señala que este “pensador antibojetivista por excelencia” opone al racionalismo-idealismo que la existencia humana no se puede conocer a modo de objeto pensado; la conciencia es claridad para alguien y de algo, la que presenta al objeto, pero no el sujeto; por tanto, este debe conocerse –según propone el pensador de Friburgo– por el sentimiento, el cual no desdobla entre sujeto y objeto. Polo indica que si bien lo primero es verdad, porque la persona es además del pensar y de lo pensado, no lo es lo segundo, pues conocer el estado de ánimo en que se encuentra el ser personal (angustia por no aparecer como objeto conocido) no es conocer quién es la persona, pues sentimiento y persona no son equivalentes; el uno deja supuesta la otra sin alcanzarla.
b) ‘La conciencia humana’, con 3 apartados. 1º) La conciencia, el pensar, no se relaciona consigo, no es de sí (no es identidad); tampoco el sujeto pensante consiste en pensar: el ser personal no se identifica con el pensamiento. A esto sigue un tratado teológico trinitario de primera magnitud en el que aquí no podemos detenernos. 2º) La persona es además del pensar y de lo pensado, siendo estos ‘límite’ para alcanzar aquélla, la cual “sólo se alcanza si se abandona toda suposición” (objeto pensado). Como aquí Polo todavía no distingue realmente entre yo y persona, declara que “la visión del yo como existencia es el objeto de la antropología”. 3º) “No cabe conocimiento sin sujeto”, pero “la expresión ‘yo conozco’ no equivale a ‘yo existo’, y nada puede decirse en sentido metafísico del yo atendiendo exclusivamente al conocer”, porque “la existencia no está contenida en la idea de conocer”. Por tanto, si el yo está más acá del conocer, habrá que averiguar dos asuntos: ¿cómo se alcanza y cuál es su índole? Polo deja ambos para el final de este trabajo. Con todo, ofrece una tesis que mantendrá siempre: “el ver humano sólo es, completamente, ver como libertad”, y eso desde la concepción.
c) ‘La voluntad humana’. En esta sección Polo estudia la potencia de la voluntad tras haber estudiado en la anterior, la razón, pues “la conciencia no puede considerarse como tal independientemente de la voluntad porque la conciencia como tal implica la voluntad”. Ahora bien, ni razón ni voluntad son el acto de ser humano o existencia personal, sino potencias de la esencia del hombre. Polo distingue aquí la voluntad de la razón vinculando el hacer a la primera, a la par que sienta que “el carácter de además juega con respecto al hacer como libertad humana”, aunque si tal libertad se abandona al hacer y este se comprende por la situación, cede al ardid del culturalismo, el cual conlleva la negación de la libertad. Dar cabida a la voluntad es posible si se prescinde de la actitud idealista de identificar sujeto y objeto pensado. A la par, aquí se defiende que si bien el carácter de además se detecta respecto de lo pensado por el pensar, no se detecta respecto de la voluntad.
d) ‘La libertad humana’. Desde el inicio de su andadura filosófica Polo sostiene que la libertad equivale a existencia humana (persona). En esta parte indica que la libertad personal está por alcanzar, lo cual denota, frente a la filosofía moderna, que el pensar no la puede objetivar; y frente al tomismo (a pesar de “la filiación tomista de esta tesis, repetidas veces recabada”), que el de Aquino no descubrió, allende la ratio y el intellectus, el nivel noético adecuado para alcanzarla, por lo que “la antropología tomista es todavía naturalista”, o si se quiere, falta en ella sacar partido a la admitida distinción naturaleza-persona en el hombre. En suma, si la libertad es personal, es condición del pensar, de la voluntad y de los sentimientos; y si desborda esas dimensiones humanas, es superior a ellas; por tanto, como “el sujeto humano es libertad”, “al sujeto corresponde una ‘misión’ mucho más importante que pensar”, querer o sentir. Esto indica que el ‘para’ del ‘acto de ser personal’ no es la ‘esencia del hombre’, y menos aún ‘la naturaleza corpórea humana’ (y tampoco, obviamente, la cultura que las dos últimas posibilitan). Ese desbordar de la libertad dice referencia a Dios. Aquí Polo describe la existencia personal como cognoscente y como amor, y añade que la distinción entre existencias es jerárquica. Todo esto será mantenido por Polo en obras posteriores. ¿Qué se contrapone, en cambio, a esta obra lo que establecerá después, por ejemplo, en Antropología trascendental? Que aquí Polo no toma –más tarde sí– el carácter de además como equivalente a la existencia humana o persona; pues aquí designa a la persona reiteradamente como ‘persistencia’, término que a partir de El hombre en la historia (13 años después) relegará solo para el acto de ser del universo.
e) ‘Historia y cultura’. Este capítulo es breve en comparación con los anteriores, pues iba a ser el prólogo de ‘la segunda parte de esta tesis’ centrada en relevantes manifestaciones humanas como la historia, la cultura, la vida comunitaria, el psiquismo y la corporeidad. Trata del tiempo humano y sostiene que “la interpretación metafísica de lo que el tiempo indica sólo es accesible con la doctrina de la distinción real”. Aquí ya aparece la tesis poliana de que la historia es la situación en la que cada libertad personal se encuentra.
Comentario del prof. Juan Fernando Sellés.