Presencia mental como límite oculto (El ser I: la existencia extramental)
Entre las designaciones del límite mental propuestas en El acceso al ser, en esta sección Polo emplea preferentemente haber, algo y suposición. Mientras el límite no se abandona, está en el conocimiento y oculto, no advertido como tal; ese ocultamiento, que llama su estar, es el límite mientras no se abandona. Que el límite esté en el conocimiento significa que hay conocimiento, es decir, la equivalencia de conocimiento y tema, la objetividad. La presencia mental es la anticipación, el logro prematuro, la suposición pura, que contribuye a que haya conocimiento a pesar de que no se acaba de pensar. Es antecedencia, no un hito cuantificado y positivo más allá del cual se extienda lo otro. Por eso puede esperarse que su abandono posea valor metódico. La presencia mental no está ni dentro ni fuera de la máxima amplitud.
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Relacionados:Abandono metódico del límite mentalExclusividad del supuesto
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Abandono metódico del límite mental (El ser I: la existencia extramental)
El abandono del límite mental es la consideración metódica del límite, que se cifra en su propio abandono. Abandonar el límite es desocultarlo, esto es, detectarlo como ocultamiento. Como el límite se oculta de diversos modos, su abandono ha de ser también plural: Polo recuerda que esta primera dimensión no es la única, y alude a una tercera, que permite alcanzar la existencia humana, y a una cuarta, referida al pensar. Esta primera dimensión encamina en primer lugar al tema de la existencia extramental, y a ella se liga la advertencia de la existencia. El abandono es, dice, una justificación del conocimiento del ser desarrollado en la tradición griega y medieval y, a la vez, una depuración de su componente lógica. Permite replantear la cuestión del sentido extramental del ser sin acudir a la idea de intuición intelectual, que debe desecharse. No es, en modo alguno, un olvido.
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Relacionados:Presencia mental como límite ocultoExplicitación y advertencia del ser principial
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Diversidad y unificación del conocimiento (El ser I: la existencia extramental)
El conocimiento limitado es diversidad y unificación. Polo enumera la pluralidad cognoscitiva: el núcleo del conocimiento o sujeto cognoscente, la abstracción, la reflexión lógica, la razón, el intelecto, el logos y la sensibilidad. La diversidad es la apertura, lo inacabado del pensamiento; la presencia mental, comunicada a la diversidad, la matiza en valores dispositivos, y esa comunicación es el logos, la unificación cognoscitiva. Diversidad y unificación se cifran en el ocultamiento del límite y son dinámicamente indiscernibles; por eso los diversos son irreductibles, y unificarlos entre sí no pasa de ser un cambio de atención, una suplantación, un saltar de una dimensión a otra que acarrea su confusión. Los modos primarios de unificación son lo vasto para la abstracción, lo más general para la reflexión lógica y la constitución supletoria según fases para la razón. La unificación con el intelecto es compleja.
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Relacionados:Presencia mental como límite ocultoLo vasto y lo más general
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Explicitación y advertencia del ser principial (El ser I: la existencia extramental)
Polo distingue dos modos de conocer el ser. La explicitación es la unificación de la presencia mental y la prosecución operativa, que constituye la razón; es un legítimo conocimiento del ser, distinto de la advertencia, que se logra al abandonar el límite. Para fijar la terminología: el tema explicitado es el ser principial, el tema intelectual es la realidad y el que se advierte en el abandono del límite, la existencia; entre los tres cabe establecer una equivalencia precisa, siempre que no se olviden los modos cognoscitivos correspondientes. La advertencia es más amplia, pues permite equiparar existencia y creación, lo cual rebasa la explicitación, que no va más allá de la noción de principio trascendental y que guarda implícito el ser al agotarse. Sólo conociendo el ser principial como criatura el conocimiento no termina. Además, el abandono libera la demostración de la existencia de Dios de elementos reflexivos.
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Relacionados:Abandono metódico del límite mentalRequisito supletorio de constitución
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Requisito supletorio de constitución (El ser I: la existencia extramental)
En la explicitación prosecutiva el límite se oculta como requisito supletorio de constitución. La presencia mental, como antecedencia estricta, se unifica con la prosecución según fases operativas, que son valores lógicos conversivos y no reflexivos. Esta constitución supletoria suple el carácter extramental y real del ser principial y deja en suspenso su interpretación existencial. El conocimiento operativo no depende del ser principial; en caso contrario no podría tener valor de conversión ni ser una dimensión cognoscitiva. Por eso no cabe decir que la razón se dirija hacia el ser: la intencionalidad requiere la constitución supletoria y la extramentalidad en cuanto tal no se debe suponer. Tal constitución no tiene valor ejecutivo. Polo dice que la reflexión es más ambiciosa pero más precaria que la razón: aquélla no se constituye, sino que oscila entre determinación e indeterminación; ésta se constituye y se convierte, pero no se separa.
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Relacionados:Explicitación y advertencia del ser principialLa base como agotamiento de la prosecución
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La base como agotamiento de la prosecución (El ser I: la existencia extramental)
La base es la constitución terminal de la prosecución operativa: el agotamiento de la razón. Sin ella la explicitación se alteraría y perdería su valor cognoscitivo; la base asegura a la razón frente a su confusión con la reflexión y frente a su propio desvanecimiento. En la base ya no cabe proseguir, pero como es un valor temático, ese hecho no proyecta ningún ignoto, y el límite sigue oculto. Se trata del agotamiento terminal del conocimiento, que no deja de estar supuesto, no de un proceso físico que acabase. La base puede retraerse hasta la conexión de juicios: es el término medio, nexo de deducción, función que nunca podría cumplir el sustrato. En la lógica aristotélica el silogismo, con la base como término medio, es el conocimiento capaz de engendrar ciencia. Aristóteles se pregunta por la realidad del término medio, y el abandono del límite supera ese problema.
Capítulos: 1Autores comentados: Aristóteles
Relacionados:Requisito supletorio de constituciónExplicitación y advertencia del ser principial
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Lo vasto y lo más general (El ser I: la existencia extramental)
Polo distingue cómo se oculta el límite en la abstracción y en la reflexión. Lo vasto es el ocultamiento del límite en la abstracción y no es susceptible de desarrollo si no se apela a la reflexión. Lo más general es la separación exigida por la reflexión lógica, que no supera la insuficiencia de lo vasto, sino que se limita a desarrollarla; no es susceptible de máximo, cae en la inercia de la reiteración y sólo negativamente se relaciona con la determinación. Todo orden en lógica reflexiva oscila desde la determinación a la indeterminación, y ningún conjunto de axiomas lógicos es una totalidad. La generalidad es un modo de proceder, expansión y determinación, y a la larga se revela como mera provisionalidad. Lo más general no es un conocimiento de ningún tema, como ya constató Kant. Conviene distinguir lo vasto, lo general, lo universal y la máxima amplitud.
Capítulos: 1Autores comentados: Kant
Relacionados:Diversidad y unificación del conocimientoExclusividad del supuesto
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La máxima amplitud del intelecto (El ser I: la existencia extramental)
El intelecto es el ámbito de la máxima amplitud, hábito de los primeros principios. La máxima amplitud no es lo general ni lo universal y no es objetiva: no se actualiza ni se hace presente, pues en caso contrario perdería su vigencia, quedaría sujeta a disposición o uso y se repartiría el campo con las restantes dimensiones cognoscitivas. Es extramental y sigue siéndolo incluso mientras el límite no se abandona. Abarca y trasciende las demás dimensiones sin concurrir con ellas: no las contiene ni se suma a ellas, y el ocultamiento del límite no tiene lugar dentro de ella. Polo advierte que no es relativamente sobrante ni cuestión de grados, y que se llama máxima en cuanto no es relativa a la presencia. El conocimiento humano es abarcado por ella, de modo que el pensar es inacabado. En la máxima amplitud sólo podría decirse incluida la libertad.
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Relacionados:El sustrato como vacuidad exteriorExclusividad del supuesto
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El sustrato como vacuidad exterior (El ser I: la existencia extramental)
El sustrato es el valor exterior de la máxima amplitud, la resolución exterior de la vigencia de los primeros principios: la extramentalidad como vacío, no un vacío mental. Indica que la vigencia no ha sido penetrada, que se conoce indistintamente, sin precisión, y que los primeros principios no han sido considerados entre sí; esto es lo que significa sostener que son vacíos. Interpretado como indiferencia, es la incapacidad de referir entre sí la vigencia de los primeros principios, no un elemento en que coincidan, y sólo puede superarse si se abandona el límite. Pertenece al intelecto, no a la lógica reflexiva ni a la razón; no es un problema ni una solución, ni lo otro de algo, ni la nada. Interpretarlo como pasividad material o como cosa en sí es una abusiva extrapolación de la presencia mental.
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Relacionados:La máxima amplitud del intelectoEl problema puro
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El problema puro (El ser I: la existencia extramental)
La unificación de la reflexión y el intelecto es la noción de problema puro, que todavía puede suponerse al agotarse el ocultamiento reflexivo del límite. En lógica el problema es provisional, pues supone la solución aun en el caso de que no haya ninguna; en la unificación con el intelecto el problema es insuperable, esto es, puro, exclusivo. No es el único problema, ni uno más, ni el problema por antonomasia, ni un problema estrictamente planteado, sino la problematicidad unificada con la exclusividad. Es el problema del dentro, no el del fuera: no versa sobre el vacío exterior, ni se resuelve en la máxima amplitud. Polo lo vincula con la distinción entre pensamiento y realidad: el hombre conoce la realidad, pero ésta no es dada, y la comparación directa entre pensamiento y realidad es simple tosquedad.
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Relacionados:El sustrato como vacuidad exteriorExclusividad del supuesto
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Exclusividad del supuesto (El ser I: la existencia extramental)
La exclusividad es un valor temático: el modo de ocultamiento del límite según el cual la presencia mental se unifica con el intelecto en el agotamiento de las unificaciones primarias. Se mide por la antecedencia del límite: es el límite considerado en orden al ámbito extramental mientras no se abandona. Según ella se presenta el problema puro y se formulan los primeros principios, pero la presencia mental no es todavía el tema. Polo advierte que no es la unicidad, sino su ocultamiento temático; no es aislar el problema frente a todo lo demás ni reducirlo a sí mismo, lo cual sería idealismo, ni una referencia intencional a la máxima amplitud. Señala que ya no hay más, que el límite se oculta y es preciso abandonarlo. Suple el vacío exterior y evita la tautología, riesgo propio de la reflexión.
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Relacionados:El problema puroPresencia mental como límite oculto
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La base guarda el implícito (El ser I: la existencia extramental)
La prosecución operativa explicita solamente uno de los primeros principios, el de no contradicción, pero no lo aísla ni lo separa de los demás: lo guarda implícito en todas sus fases y, al agotarse, definitivamente. La razón no se dirige hacia el principio ni lo supone como término preexistente, pues ello sería incompatible con la antecedencia de la presencia mental. La operación cognoscitiva tiene como principio el ser sin depender ni partir de él. El ocultamiento de la suposición guarda implícito el principio en la medida en que constituye la operación según fases. La explicitación no es nunca ulterior al implícito ni lo esclarece por completo. El valor existencial que se guarda implícito es principial y no contradictorio. La antecedencia del límite suple la dependencia del carácter no contradictorio del ser respecto de la identidad, y el valor terminal de la razón no deja advertir la persistencia.
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Relacionados:El cambio de la baseLa no contradicción como causa creada
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El cambio de la base (El ser I: la existencia extramental)
El cambio de la base es la formulación de los primeros principios: la unificación de la exclusividad con la base. No es la composición de cambio y base, ni que la base cambie, pues la base se limita a guardar implícito el principio. Tampoco sobreviene a la base, ni obedece a un influjo exterior, ni surge de ella, ni ejerce un efecto multiplicador. Se cifra en la pluralidad de las fórmulas, en todas las cuales aparece la base sin valor de término medio, y esas fórmulas no se suponen entre sí. Es la novedad unificante, supuesta con valor de fórmula, que no se añade, ni se adscribe, ni reduplica la base. La base es el supuesto terminal que señala el agotamiento de la razón. El cambio deja fuera y vacía la máxima amplitud y carece de alcance extramental: la interpretación real del cambio es simple confusión.
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Relacionados:La base guarda el implícitoLa diferencia propia de la exclusividad
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La diferencia propia de la exclusividad (El ser I: la existencia extramental)
La unificación de razón y reflexión se logra según lo que Polo llama la diferencia propia de la exclusividad, o exclusividad como diferencia: la distinción entre el cambio de la base y el problema puro, y no entre el cambio y la base o entre el problema y su pureza, distinciones que sólo serían composiciones. Base y problema pertenecen a dimensiones cognoscitivas distintas: en el agotamiento del conocimiento operativo hay base, no problema; en el de la reflexión hay problema, no base; el problema no versa sobre la base ni la base es una solución. Razón y reflexión son irreductibles, y su unificación no es conexión de procesos mentales. El cambio de la base es la formulación de que el problema no es capaz; el problema alude a la vigencia entre sí de los primeros principios que la formulación desconoce. En esta unificación el límite sigue oculto.
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Relacionados:El cambio de la baseExclusividad y término medio
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Fórmula de la no contradicción (El ser I: la existencia extramental)
La fórmula supositiva del principio de no contradicción es A no es no A. Polo precisa que no es un juicio, ni la contradicción entendida como oposición postpredicamental o como separación negativa; no A no es un predicado. A está supuesta de manera que al margen de la fórmula no se sabe nada de ella, y no A significa que nada es referible a A. No expresa la exclusión de no A, sino A en términos de exclusividad; no es una ecuación ni equivale a A, ni reside en la negación de la negación. Expresa que A no es precedida ni seguida: deja fuera el vacío y oculta la antecedencia de la suposición. No es declarativa ni alude a justificación alguna. Es sumamente fácil suplantarla por una consideración abstractiva, la imposibilidad de ser y no ser al mismo tiempo.
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Relacionados:Fórmula de la causalidadFórmula de la identidad
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Fórmula de la causalidad (El ser I: la existencia extramental)
El principio de causalidad se formula A pone B. A está supuesta sólo en la fórmula; B no se admite como lo distinto en general, porque el poder de poner es exclusivo, no añadido a la suposición de A. A no se pone a sí misma ni pone «no es no A». La fórmula no es una determinación reflexiva ni un juicio: B no es manifestación, atributo, despliegue o emanación de A, ni existe sistere extra causas en virtud de A. No va de A a B, sino del poder de poner a A, reductivamente, sin identidad. Expresa un poder sin llegar a conocer su carácter activo, existencial, es decir, su eficacia. Polo la entiende también como conato de conservación de la base: suponer la conservación sin caer en la determinación. No deriva de la no contradicción, y es fácil suplantarla por la abstracción, interpretando la causalidad en el tiempo.
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Relacionados:Fórmula de la no contradicciónLa no contradicción como causa creada
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Fórmula de la identidad (El ser I: la existencia extramental)
La fórmula supositiva de la identidad es A es A. A está supuesta, pero no como primera, pues ello llevaría consigo cierta separación; la segunda A no significa lo distinto en general. Es A significa la exclusividad como pleno unificado con la base en cuanto supuesta, sin incremento posible ni valor de nexo. Es el pleno sin actividad, encerrado en la fórmula; para pensarla hay que no pensar nada más, lo cual no es reducirse a una idea ni dejar de pensar, sino suponer pensada la base como exclusividad. No es tautológica, porque la suposición no se refiere a sí misma y se oculta. No es determinación abstractiva ni juicio, y no se compone con las otras fórmulas: A es A no significa A pone A, idea de causa sui, que sería suplantar el abandono del límite por la tautología. El pleno no puede ponerse.
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Relacionados:Fórmula de la no contradicciónFórmula de la causalidad
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Vigencia entre sí de los primeros principios (El ser I: la existencia extramental)
Las tres fórmulas, la de la no contradicción, la de la causalidad y la de la identidad, unifican la exclusividad y la base, y por ello no son conjugables ni reducibles a un elemento común: forman una pluralidad no vigente entre sí, incomunicable, toda ella exclusiva. Ninguna deriva de otra, no son equivalentes y no pueden componerse ni verterse una en otra. Polo concluye que no hay lógica posible de los primeros principios, a los que sólo su vigencia puede enlazar. Las fórmulas no son objetos distintos entre los que quepa composición. La vigencia entre sí se desconoce debido al cambio de la base: lo puramente problemático es la vigencia mutua, diferente de la formulación, y el planteamiento del problema puro depende de que se advierta el valor existencial del principio de causalidad. La diferencia propia de la exclusividad impide verter las fórmulas en la estructura de la reflexión.
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Relacionados:El cambio de la baseFórmula de la identidad
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La no contradicción como causa creada (El ser I: la existencia extramental)
Mientras no se abandona la suposición, la unificación de la exclusividad y la base impide advertir que la no contradicción es persistencia que se mantiene en los términos del poder causal; es decir, que el carácter no contradictorio de tal poder es su eficacia existencial. Polo dice que el valor existencial del principio de no contradicción es la vigencia de la causa en él; esa vigencia es la causación, y por tanto la consideración existencial del poder de causar sin cambio alguno. La no contradicción es la causa creada, el ser como principio, de ninguna manera la causa supuesta. En el ámbito de la máxima amplitud, causar es crear la no contradicción; el valor creado del causar no es supositivo. Si el carácter existencial del ser principial se cifra en la no contradicción y se guarda implícito, la vigencia entre sí de los primeros principios sigue siendo impenetrable.
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Relacionados:La base guarda el implícitoFórmula de la causalidad
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Suplantaciones del cambio de la base (El ser I: la existencia extramental)
Si el cambio se refiere a cualquier modalidad de ocultamiento del límite distinta de la base, la unificación de la presencia mental con el intelecto es suplantada. La proposición «el cambio supone el ahora» equivale a la suplantación del intelecto por la abstracción, la articulación temporal, y es genuinamente aristotélica. La proposición «el cambio es más general que el punto de partida» equivale a la suplantación hegeliana del intelecto por la reflexión lógica. La proposición «la base es exclusiva en cuanto inmutable o en sí» equivale a la suplantación racionalista. Sólo la proposición «el cambio de la base es la formulación de los primeros principios» señala la unificación de la presencia mental, en el agotamiento de la razón, con el intelecto. Si el cambio se pensara a partir de la base se llevaría a cabo la suplantación aristotélica; si se separase, se confundiría con lo más general.
Capítulos: 1Autores comentados: Aristóteles, Hegel
Relacionados:El cambio de la baseAjuste de las nociones supuestas
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Ajuste de las nociones supuestas (El ser I: la existencia extramental)
Ajustar una noción supuesta significa, para Polo, encontrar su valor modal de ocultamiento del límite. Ya en El acceso al ser se puso de relieve la necesidad de ajustar la negación, propuesta como el aún no del ya: la abstracción permite aún la negación y, por lo mismo, la reflexión lógica. Es inadmisible la proposición «la máxima amplitud puede dividirse negativamente», y la proposición «la máxima amplitud contradice la nada» no piensa la negación. También el cambio, al tener en cuenta la suposición, experimenta un ajuste, una restricción imprescindible para su congruencia: la carencia de alcance extramental. Cuando las dimensiones del conocimiento se suplantan o confunden, pierden su valor dispositivo y quedan sujetas unas a otras: es el desajuste de nociones. El ajuste de las nociones supuestas que se logra teniendo en cuenta el intelecto permite superar el idealismo.
Capítulos: 1
Relacionados:Suplantaciones del cambio de la baseLa diferencia propia de la exclusividad
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Exclusividad y término medio (El ser I: la existencia extramental)
Polo contrapone la exclusividad al término medio. El cambio de la base no se parece a la inclusión del término medio: no supone la base varias veces, deja fuera y vacía la máxima amplitud y no se incluye en ella. La exclusividad no tiene valor de término medio ni de síntesis dialéctica, y su valor unificante es superior al del término medio. Ya no tenemos medio, pero sí una pluralidad de fórmulas, todas ellas primeras, que no precisan de demostración racional. El llamado valor inmediato o evidente de los primeros principios se puede interpretar como exclusividad en atención al ocultamiento del límite. La exclusividad no se añade ni se yuxtapone a la base ni ejerce función sintética: es el modo según el cual el cambio de la base y el problema puro están supuestos sin confusión o suplantación, dejando fuera y vacía la máxima amplitud.
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Relacionados:El cambio de la baseLa diferencia propia de la exclusividad
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Exclusividad (El ser I: la existencia extramental)
Polo señala que el agotamiento de los procesos de la mente no es un abrupto terminar, un límite en el sentido de frontera. La unión del intelecto con la razón y la reflexión lógica no es un nuevo proceso mental, sino un modo de ocultamiento del límite: conserva el límite mental en su ocultamiento una vez agotados los incrementos cognoscitivos que el mismo límite permite. La exclusividad es la unificación de la presencia mental con el conocimiento de la máxima amplitud. Según ella se formulan los primeros principios, que no son procesos mentales, es decir, actualizaciones objetivas abarcadas por el conocimiento intelectual, que más bien es habitual. Por eso el agotamiento de los procesos mentales no es el agotamiento del ocultamiento del límite. La exclusividad es un tema supuesto, y puede superarse abandonando la suposición: ya no caben más ocultamientos.
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Relacionados:Superación de la exclusividad y causalidad como enlaceProblema puro y cambio de la base
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Valor metódico del abandono del límite (El ser I: la existencia extramental)
Lo que Polo llama valor metódico del abandono del límite (en su primera dimensión) debe distinguirse netamente de los procesos mentales. Los valores temáticos accesibles con este método no están supuestos; por eso el abandono es solidario de tales temas, y sólo así no se supone él a su vez y es un método. La primera dimensión se lleva a cabo en los primeros principios: no tiene otro lugar en el mundo que su valor existencial. Como este valor no es la mismidad consistente, quedan abandonadas la mismidad y la consistencia, designaciones del límite. Esa reducción no es una exención, porque no se supone cumplida de una vez: la persistencia es el valor existencial de la advertencia. Con el abandono no se pierde nada ni se cae en el vacío, sino que se accede al ser.
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Relacionados:ExclusividadPersistencia y actividad no contradictoria
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Persistencia y actividad no contradictoria (El ser I: la existencia extramental)
La persistencia es uno de los temas centrales de esta sección, dedicada a establecer la equivalencia de la existencia extramental y su carácter creado. Otro tema central es la actividad. Polo expone que la persistencia es el carácter existencial del movimiento; el carácter existencial del movimiento es la actividad no contradictoria; y la actividad no contradictoria es la criatura causal. Todo ello se expondrá en los capítulos siguientes. Advierte de un mal entendido: la advertencia de este carácter es inseparable de la crítica radical de la noción de cambio, que se descalifica al abandonar la suposición y que invalida las fórmulas de los primeros principios. Pero ello no significa defender un movilismo trascendental, ni que la persistencia lo llene todo, ni que nuestro conocimiento llegue sólo hasta donde llegue la persistencia. La persistencia no es una idea, ni puede advertirse aislada o antes de.
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Relacionados:Valor metódico del abandono del límitePersistencia como dependencia
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Superación de la exclusividad y causalidad como enlace (El ser I: la existencia extramental)
Superada la exclusividad, Polo sienta que la no contradicción es causada y que la identidad no lo es: la idea de causa sui es inadmisible. Esto no quiere decir que se opongan: en cuanto causada, la no contradicción es causa, mientras que la identidad, en cuanto causa, no es causada. La causalidad es, pues, el enlace de no contradicción e identidad, que asegura el carácter trascendental de la no contradicción como persistencia, por encima del exclusivismo de A en la fórmula. Crear es causar si la criatura es causa, aunque no la única. La causalidad no se puede suponer: la proposición «supuesta la causa, Dios es causa» carece de sentido. Tampoco se reduce la libertad creadora a la opción entre causar o no; ha de verse en la vigencia de la identidad, incausada. La Causa Incausada no es la causa paradigmática, sino la reserva originaria de la identidad.
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Relacionados:Criatura causal y no contradicción creadaReserva originaria de la identidad
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Criatura causal y no contradicción creada (El ser I: la existencia extramental)
Para que la causa sea creada es menester que sea no contradictoria: en la no contradicción se expresa que la causa es creada, distinta de la identidad y no la única criatura. La eficacia de la creación reside en la no contradicción, y no contradicción creada significa persistencia. De aquí que la criatura causal no sea un simple caso, ni el valor causal de la creación una mera condición. La no contradicción depende enteramente de aquella instancia respecto de la cual ella no es sí o no: es causada respecto de la identidad y no respecto de sí. «Respecto de» no significa aquí finalidad o relación trascendental: el enlace causal no es un proceso identificador, sino lo que reserva la identidad por encima de la no contradicción. La criatura no puede ser subsiguiente a un supuesto de Dios, porque lo determinaría.
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Relacionados:Superación de la exclusividad y causalidad como enlacePersistencia como dependencia
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Reserva originaria de la identidad (El ser I: la existencia extramental)
La vigencia creadora de la identidad se cifra en su carácter originario: del Origen depende la no contradicción al margen de la opción, es decir, como persistencia. Como el Origen no es terminal, Polo sostiene que la identidad es inaccesible. Lo inaccesible equivale al carácter de Origen y no necesita separarse de la persistencia; así entendido, cabe llamarlo reserva: origen, reserva e identidad son equivalentes. La reserva originaria no se supone ni se confunde con la idea de retraimiento; no tiene alcance negativo, no es para la criatura una falta ni la determina como no idéntica. El carácter originario de la identidad no es relativo a la criatura. La pregunta «¿por qué el ser y no, más bien, la nada?» muestra su penuria metódica: ante la reserva originaria, la opción entre ser y nada carece de sentido.
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Relacionados:Superación de la exclusividad y causalidad como enlaceVigencia mutua de los primeros principios
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Persistencia como dependencia (El ser I: la existencia extramental)
Polo afirma que si persistir equivale a depender, depender no significa depender de otro: no es depender-algo. La plenitud de la persistencia es la dependencia; omitir la persistencia sería omitir la dependencia. La noción de dependencia no remite a algo más perfecto que lo que depende, sino a su propio sentido de perfección, que es la existencia creada. «La dependencia es persistencia» equivale al sentido trascendental de la noción de dependencia; «la persistencia es dependencia» advierte que la persistencia no suspende la identidad originaria. Si la persistencia terminara, jamás habría sido: su aniquilación no es una opción ni un sobrevenir la nada, sino el no haber sido, por la equivalencia de existencia y persistencia. La proposición «lo que ha sido una vez no puede no haber sido nunca» es improcedente en el ámbito de la máxima amplitud.
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Relacionados:Criatura causal y no contradicción creadaPersistencia y actividad no contradictoria
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Vigencia mutua de los primeros principios (El ser I: la existencia extramental)
Polo vislumbra la vigencia entre sí de los tres primeros principios. Si se omite la consideración de la no contradicción, la identidad se aleja y se pierde; no basta suponerla, hay que no dejar de tenerla en cuenta: la vigencia de la no contradicción es el carácter de persistencia. Para advertir la equiparación de no contradicción y persistencia es menester abandonar la suposición, que es abandono de la anticipación y de la exención. La identidad es superior a la persistencia, y se dice vigente porque de otro modo se supone la no contradicción y la persistencia se omite; esa superioridad es al margen de toda separación, exclusión o comparación. Si se omite la persistencia, la identidad se pierde, lo cual no quiere decir que ésta dependa de aquélla. De la coincidencia de omisión y pérdida se desprende la distinción, no la equivalencia temática, de identidad y no contradicción.
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Relacionados:Reserva originaria de la identidadSuperación de la exclusividad y causalidad como enlace
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Algo como límite y pensar como acontecer (El ser I: la existencia extramental)
Algo es el límite como impensable; es inevitable en todos los órdenes, salvo el ámbito extramental. Pensar es el logos humano entendido como acontecer, y algo designa ese acontecimiento en su limitación misma: su límite, no su positividad y suficiencia. Acontece que se piensa, no que no se piensa; pero tampoco el pensar es pensado. Lo pensado es pensado al pensar, mas pensar lo pensado no es el pensar, sino su límite. El pensar es superior a la esencia pensada, y la adecuación de ambos es el límite del primero, la mismidad. Algo es la suposición, el valor de ya; no es valor real ni lógico, porque ni siquiera es pensable. Por eso no tiene sentido un agnosticismo esencialista, y se puede sentar el cogito-sum, aunque el sum no sea la existencia humana, sino la simple positividad del pensar que conviene reducir a la noción de límite.
Capítulos: 1Autores comentados: Descartes
Relacionados:La existencia no necesita darse como algoIntuición ontológica
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Problema puro y cambio de la base (El ser I: la existencia extramental)
Con la exclusividad se unifican la reflexión y la razón agotadas: son las nociones de problema puro y de cambio de la base, modalidades dispositivas mantenidas cara a la vigencia extramental. Expresan que el límite del pensar no es exterior al pensar; sólo la libertad puede explicar que el pensamiento no se limite fuera de sí y que su límite sea la mismidad supositiva. El problema puro señala la independencia del pensar respecto de la vigencia extramental: no tiene por destino ser resuelto, y expresa que el pensar no se incluye ni transcurre en el ámbito de la máxima amplitud; es el problema de la interioridad, que queda fuera y vacía. El cambio de la base sanciona el agotamiento de la prosecución: ya no devuelve. Ambos expresan lo inacabado: el límite no es el final del pensar, ni un elemento positivo añadido al pensamiento.
Capítulos: 1
Relacionados:ExclusividadIntuición ontológica
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