La magia y el poder de la palabra (Epistemología, creación y divinidad)
Polo recorre los modos de sabiduría en orden histórico y empieza por la magia, a la que aplica un método benévolo que separa sus hallazgos de la hojarasca cultural. Lo valioso de la magia primitiva es que descubre la eficacia de la palabra: el conjuro muestra que hablar es una forma de actuar y distingue lo humano de la mera comunicación animal. Su límite es el pragmatismo, pues solo busca resolver problemas de esta vida, y por eso guarda silencio ante Dios. Cuando decae, atribuye el poder a cosas inferiores al lenguaje y degenera en brujería, rito y superstición. Polo ve ecos modernos en la sofística, la retórica, el discurso político o la publicidad. Frente a ella, la Palabra divina de la creación y de la liturgia cristiana da la medida más alta del lenguaje.
Capítulos: 1Autores comentados: Santo Tomás, Platón, Aristóteles, Wittgenstein, Malinowski
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El mito y la primacía del pasado (Epistemología, creación y divinidad)
El segundo modo de sabiduría es el mito, que funda la vida en lo ya sucedido: lo que fue es la pauta de lo que será y lo nuevo despierta sospecha. Polo reconoce su acierto al valorar la tradición y la memoria, rasgo que hoy conviene recordar frente al desprecio de lo heredado. Pero el mito entiende el tiempo como ciclo o repetición, sin apertura real al futuro, y de ahí su pesimismo, visible en el Hades griego o en el eterno retorno. Cuando intenta abrirse, como en Dioniso, solo logra una novedad caleidoscópica que acaba en aburrimiento. Polo detecta versiones modernas: el nacionalismo racial, la hermenéutica centrada en el pasado, el progreso indefinido como mito invertido y las tradiciones científicas de Feyerabend. El cristianismo introduce lo eterno en la historia con valor innovador.
Capítulos: 1Autores comentados: Nietzsche, Feyerabend, Bergson, Kuhn, Platón, San Agustín
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Tótem e ídolo (Epistemología, creación y divinidad)
Polo ilustra la diferencia entre magia y mito con dos figuras. El tótem pertenece a la magia: es un animal con el que el individuo o la tribu se identifica para participar de una cualidad útil, como la fuerza del toro o la astucia de la serpiente. Su intención es solo práctica y no recurre a la palabra. El ídolo pertenece al mito: no se busca identificarse con él, sino exaltar y venerar un rasgo vital, animal o humano, sublimado, como el buey Apis o los dioses griegos que personifican la sabiduría o el poder. El ídolo exige sometimiento, confianza en su favor o terror ante su arbitrariedad, y por eso el mito, a diferencia de la magia, tiene intención religiosa. El becerro de oro de los israelitas sirve de ejemplo, y en Nietzsche aparecen ambos tipos: animales totémicos y retorno mítico.
Capítulos: 1Autores comentados: Nietzsche, Moisés
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La ética griega, la virtud y la libertad de opción (Epistemología, creación y divinidad)
Polo distingue dos etapas de la moral griega. En la época homérica se estiman cualidades naturales como el valor, la lealtad y la astucia, que mueren con el hombre y alimentan un pesimismo sin salida. En la época clásica la moral se vuelve sabiduría práctica adquirida: las virtudes, fruto de la libertad, sitúan al hombre por encima del resto de los vivientes, y con Platón se vislumbra un premio tras la muerte. Polo valora la noción socrática de virtud, pero señala su límite: entiende la libertad solo como elección de medios, pues el fin se da por necesario. Esa estrechez explica las oscilaciones posteriores: Kant, Hume, el culturalismo, Marx o Nietzsche. Polo propone ampliar la libertad mediante su antropología trascendental, con la sindéresis y la afectividad. Y advierte que el cristianismo no procede del estoicismo, porque aporta la noción de persona.
Capítulos: 1Autores comentados: Homero, Sócrates, Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Kant, Hume, Nietzsche, Scheler, Jaspers
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La religión como saber y búsqueda de salvación (Epistemología, creación y divinidad)
La religión es para Polo el tercer modo de sabiduría. Busca la salvación, un estado sin sufrimiento, y rinde culto a poderes superiores que no solo fundan el pasado sino que abarcan el futuro del hombre. Por eso es más dinámica que el mito y se nutre de la esperanza. Supone la distinción entre alma inmortal y cuerpo, lo que refuerza la responsabilidad y la culpa moral; incluso Platón comprende que la culpa supera las fuerzas humanas. El monoteísmo purifica la idea de lo divino frente al politeísmo. Cuando los ritos apagan la esperanza, la religión se confunde con el mito, como ocurría con los saduceos. Polo sitúa su origen en el descubrimiento de la propia inteligencia, que deja huella en el arte, y subraya que cuando la religión decae retornan los saberes más primitivos. Solo una forma religiosa puede colmar el deseo de vida eterna.
Capítulos: 1Autores comentados: Platón, Sófocles, Mircea Eliade
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El cristianismo como revelación y no solo religión (Epistemología, creación y divinidad)
Polo sostiene que el cristianismo se propone ante todo como revelación y solo de modo derivado como religión. En él la iniciativa humana está precedida por la divina, y lo religioso es respuesta a mandatos de Dios. Otras religiones admiten algo parecido, pero el cristianismo lo lleva a fondo porque su Dios es Trinidad: la relación del hombre con Dios depende de la de Dios con el hombre, y esta a su vez de las relaciones personales dentro de Dios. Eso deja ver las limitaciones de los otros saberes, que sin embargo se siguen valorando con benevolencia. La religión cristiana intensifica además el sentido de la realidad, pues profundiza en el ser de Dios y eleva a los demás a la condición de prójimo. Su decadencia es interna: el desprecio del pecador, como el fariseo o el hijo mayor.
Capítulos: 1Autores comentados: Mircea Eliade
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La filosofía y la presencia mental (Epistemología, creación y divinidad)
Para Polo la filosofía es el modo de sabiduría que pone el fundamento en el presente y se centra en la inteligencia. Su nombre mismo confiesa que el deseo de saber no se colma en esta vida. Un tema central es la presencia mental, el inteligir mediante objetivaciones, que permite comunicarse pero es limitado, pues lo objetivado no puede enriquecerse en sí mismo. De ese límite nacen los errores filosóficos: el escepticismo, que lo da por insuperable, y los intentos de reforzar la mente con algo ajeno, como la voluntad en el idealismo, el nominalismo, Descartes o el análisis lógico del lenguaje. También explica que la historia de la filosofía sea discontinua, con breves cumbres: Platón y Aristóteles, el siglo XIII medieval y el idealismo alemán. La religión ayuda a corregir a los filósofos al aumentar el afán de realidad.
Capítulos: 1Autores comentados: Descartes, Escoto, Hegel, Husserl, Heidegger, Platón, Aristóteles, Wittgenstein
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Abandono del límite mental y conocimiento habitual (Epistemología, creación y divinidad)
Polo propone como método para avanzar en filosofía detectar con nitidez el límite del conocimiento presencial y abandonarlo, tarea que corresponde al conocimiento habitual. Reinterpreta la héxis aristotélica: el hábito no es solo una preparación repetitiva del conocimiento actual, sino la única esperanza de superar el límite, y por eso es superior al conocimiento objetivo. Funciona como remedio a la insuficiencia de la presencia mental del hombre caído, y sin él no serían posibles los dones preternaturales. Aclara que el instinto, siempre igual, difiere del hábito, abierto a la mejora, y que Bergson roza esta noción. Con ese método se advierte que el conocimiento de Dios no es el de un concepto frío, algo que ya notó Pascal, y que la raíz del conocer humano es personal, o coexistencial. El método, sin embargo, no basta para dar el salto a la presencia divina.
Capítulos: 1Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino, Bergson, Pascal
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El teandrismo cristiano y la Encarnación (Epistemología, creación y divinidad)
La antropología griega es correcta en sus líneas básicas pero incompleta, y el descubrimiento estricto de la dignidad humana es cristiano. Polo llama teandrismo a lo propio del cristianismo: no es mero humanismo ni androteísmo, es decir, el hombre que asciende a Dios, sino la realidad del Dios hecho hombre. La divinización humana pertenece al mito, mientras que la noticia revelada primaria es la Encarnación, y la deificación es solo consecutiva. La razón de ser del teandrismo es el amor misericordioso, insospechable e inesperado, según la frase de san Juan: Dios es Amor. Dios no se encarna por necesidad ni por deseo, sino por puro otorgamiento, como dice san Pablo en Filipenses. Por eso el cristianismo se opone al mito en este punto, y creación y Encarnación son ambas obra del Amor, también hacia adentro de Dios.
Capítulos: 1Autores comentados: San Juan, San Pablo, Sócrates, Platón, Erasmo
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La voluntad griega y la donación hiperteleológica (Epistemología, creación y divinidad)
Según Polo, los griegos no tuvieron una noción de voluntad como la nuestra: su equivalente es la órexis, deseo o tendencia hacia lo que no se posee. La posesión plena pertenece al conocimiento, de modo que la voluntad queda subordinada a la teoría y es siempre imperfecta, lo que impide ponerla en Dios y deja al motor inmóvil como mero objeto de deseo. El eros platónico comparte esa carencia. El cristianismo, al revelar que Dios es Amor, abre algo que hay más allá de tender y poseer: donar, dar sin perder. A esa dimensión, que trasciende el télos griego, Polo la llama hiperteleología, y a su generosidad previa al tener, operosidad del amor. Agustín la incorporó a Occidente. Esto no niega la antropología griega: la completa, porque el hombre no es solo el ser capaz de tener, sino también capaz de dar.
Capítulos: 1Autores comentados: Aristóteles, Platón, Tomás de Aquino, San Agustín
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La persona como segunda criatura (Epistemología, creación y divinidad)
En Polo, lo propio de la persona es la capacidad de dar, cuyo principio es más radical que la inmanencia y que la virtud: la intimidad. Por ser origen de actos, la persona aporta al mundo algo que antes no existía y se instala en lo que origina; por eso puede llamarse ex-sistente. Se expresa con la fórmula agustiniana del ordo amoris, un otorgamiento que supera tanto el interés como el desinterés. La persona no es una diferencia específica, de modo que decir animal personal es inexacto. El hombre es una segunda criatura que se añade al mundo, y por eso sale de él. La definición griega del hombre no se niega, se le añade algo que no entra en el orden de la definición. También permite rebasar la distinción estoica entre individuo y sociedad, pues la persona dice relación a otras personas, que es la coexistencia.
Capítulos: 1Autores comentados: San Agustín, Aristóteles, Hegel
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La esperanza cristiana y el destinar (Epistemología, creación y divinidad)
Polo reformula la tercera pregunta de Kant, qué cabe esperar, preguntando qué es la esperanza en el orden del amor, o qué es mi vida como tarea. La esperanza cristiana no es aguardar lo que sobrevendrá ni desear, sino un requerimiento que busca la dignidad de todos y exige un destinatario personal, pues dar necesita alguien que responda: la pregunta de Rilke sobre quién escuchará el grito. Por eso la esperanza es coexistencial y descansa en la reciprocidad amorosa. De ahí que el destinar sea ulterior al fin, que ya no es el mundo sino Dios como creador de la persona. La noción de prójimo y la igualdad de los hombres brotan de la dignidad personal. Su imperativo es no conformarse con los medios; la insatisfacción es no cansarse de dar. Un amor completamente solitario sería la tragedia absoluta, la dimensión trágica de la antropología cristiana.
Capítulos: 1Autores comentados: Kant, Rilke, Tomás de Aquino, San Agustín
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La infinitud del inteligir (Epistemología, creación y divinidad)
Polo abre el capítulo con una tesis: en ningún ser espiritual el conocer es una energía particular y acotada, sino irrestricta. Un inteligir finito es, para él, una contradicción, y lo recuerda con Aristóteles, para quien conocer es la praxis suprema, y con Tomás de Aquino, que niega que el entendimiento del ángel sea finito aunque su esencia lo sea. Lo finito es el sujeto que intelige, no el inteligir mismo. Por eso se dice que el alma es en cierto modo todas las cosas por su inteligir y no por su esencia, y de esa infinitud brota la aventura del trascender humano. Esto no equivale a una inteligencia que lo abarque todo de golpe, como la conciencia kantiana: la inteligencia es infinita porque no se detiene en sí misma ni en un objeto.
Capítulos: 2Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino
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Radicación del inteligir en principios (Epistemología, creación y divinidad)
El inteligir no se constituye como una cosa, sino que remite de manera intrínseca a principios, y esa referencia es necesaria e infinita. Polo reconduce el intelecto agente aristotélico a lo que llama «esse hominis» y entiende la iluminación agustiniana como radicación en el principio, sin ideas innatas: el intelecto paciente es una tabula rasa. Quien ha formado ya un objeto no posee con ello su principio. Dios es el principio y máximo intelectual de la inteligencia, y por eso hablar de vías al conocimiento de Dios tiene sentido: o la inteligencia se remite a lo primario o se anula. Arrancarle la principialidad la mataría. Polo apoya esto en dos textos del Aquinate, según los cuales Dios es el ser de las cosas por causa y no por esencia, y el ser creado solo se entiende como derivado del divino.
Capítulos: 2Autores comentados: Tomás de Aquino, Aristóteles, San Agustín, Kant
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Devolución y proyección del conocimiento (Epistemología, creación y divinidad)
Polo distingue dos direcciones en que la inteligencia puede proseguir su actividad objetivante. Una es devolver lo conocido al principio, es decir, radicarlo; eso es conocer la realidad, y es lo que hacen las vías primera y segunda de Tomás de Aquino. La otra es no restituir, sino aprovechar lo objetivado para ampliar lo objetivo, proyectándolo en un proceso al infinito de generalización, cada vez más indeterminado, propio de la lógica formal y de la especulación moderna. No es una elección libre entre dos opciones, sino una doble posibilidad, y la primera no es opcional, pues no afirmar la principialidad amputaría la infinitud del inteligir. La segunda nunca llega a la realidad y, si intenta saltar a ella, la determina mal como hecho o cosa en sí. Así se conoce el acto de ser como primer principio real mediante la devolución, mientras que la proyección desemboca en la especulación.
Capítulos: 2Autores comentados: Tomás de Aquino, San Anselmo
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El argumento ontológico de Anselmo (Epistemología, creación y divinidad)
Para Polo, el llamado argumento ontológico de san Anselmo es el primer gran intento especulativo de la historia. Nace de pensar un infinito terminal siguiendo el proceso al infinito de la generalización: un máximo objetivo pensable que luego se proyecta sobre la realidad. Polo estima que su defecto no es tanto formal como la pobreza de la realidad a la que llega, porque adjudicar existencia a la máxima objetividad es muy precario. Además, un máximo dado de una vez se particulariza, y un proceso al infinito, para ser coherente, no puede cerrarse en un máximo. La realidad se encuentra en la referencia al principio, no al término de una generalización. Frente a él, las vías de Tomás de Aquino parten de la fundamentación y devuelven lo conocido al ser, lo que garantiza que el paso a la realidad sea correcto.
Capítulos: 2Autores comentados: San Anselmo
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Concausalidad frente a Hume (Epistemología, creación y divinidad)
Polo sostiene que lo real es inteligible y que el universo físico es una articulación de causas, no un conjunto de golpes. No existe energía en bruto: sin formas la energía no produciría efecto, y las formas no viajan solas, como las ideas de Platón, sino unidas a ella; de ahí la noción de causa formal. Con esto responde a Hume, que pretendía negar el principio de causalidad porque al ver que una bola golpea a otra no se puede inferir que el golpe sea la causa. Polo replica que la causalidad física no es única sino una concausalidad cuádruple, pues la causa eficiente no es independiente de la formal, de la material ni de la final.
Capítulos: 2Autores comentados: Hume, Aristóteles, Tomás de Aquino, Platón
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La fe intelectual o racional (Epistemología, creación y divinidad)
Polo llama fe intelectual a la fase culminante de la inteligencia humana, no a un don añadido. Consiste en saber con lucidez que el propio entender es irrestricto y que no se acaba de entender, pues descubrimos un futuro inagotable más que un objeto. No es creer sin entender ni una opinión: es un saber atrevido, un amor a la verdad mayor que el temor a errar. Se sirve de la transparencia de una actividad que se trasciende sin negarse, en la línea de la docta ignorancia de Cusa y del esperar lo inesperado de Heráclito. Sus frutos son la inmortalidad y un destino divino que nos juzga por las obras, y se vierte sobre todo en la religiosidad. Con ella razón y fe dejan de ser rivales: solo lo son para quien ignora la culminación del conocimiento habitual.
Capítulos: 2Autores comentados: San Agustín, Schelling, Jaspers, Kant, Heráclito, Nicolás de Cusa, Falgueras
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Fe sobrenatural y Revelación (Epistemología, creación y divinidad)
La Revelación es, para Polo, la comunicación de la vida íntima de Dios y nace de su iniciativa; la fe sobrenatural es el hábito infuso y el acto donal con que el hombre responde. A diferencia de la fe intelectual, que es búsqueda humana, la fe en la Revelación no es resultado de ninguna indagación ni un saber lúcido para nosotros: acata a una persona por ser quien es, y se cree a Dios más que en algo. Polo argumenta que lo trascendente, si puede ser buscado, puede también salir al encuentro del hombre, y ve implícito en la oración y el sacrificio que Dios puede comunicarse. Por tener otro punto de partida y otros contenidos, la Revelación es superior a la fe intelectual.
Capítulos: 2Autores comentados: San Agustín, Juan Pablo II, Benedicto XVI
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Credendidad: condiciones racionales de la revelación (Epistemología, creación y divinidad)
Siguiendo a Falgueras, Polo llama credendidad a la exigencia de que una revelación cumpla condiciones racionales intrínsecas, distintas de las extrínsecas como los milagros. La fe intelectual no puede negar que haya revelación, pero sí examinarla según el revelante, lo revelado y el receptor. Lo revelado debe ser misterio, insospechado y no comprensible por nosotros ni después de comunicado, pero no contradictorio, e inteligible: si el revelante no lograra hacerse entender, no sería inteligente, y si se entendiera del todo, no aportaría nada. Debe ser compatible con lo que la razón alcanza de Dios, aportar noticias positivas y acrecentar nuestro saber. El revelante ha de ser coherente consigo mismo: la revelación ha de ser absolutamente gratuita y libre, no una necesidad suya, cosa que Polo ve incumplida en la exégesis luterana de Filipenses.
Capítulos: 2Autores comentados: Falgueras, Lutero
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Preambula fidei y el salto de la fe (Epistemología, creación y divinidad)
Los criterios que la fe intelectual exige a una revelación son los tradicionales preambula fidei. Polo subraya que esta audacia racional es terminal: no puede anticipar los contenidos que se revelarán y por eso los preámbulos no bastan para producir la fe sobrenatural. Ante una revelación que cumple los requisitos y muestra un carácter abismal, hay que creer lo que no se sabe racionalmente e incluso lo que está por inteligir, entendiéndolo como estando por inteligir y no como ya inteligido. Ese paso del dominio propio al divino es un salto, pero no un salto al vacío como el de Kierkegaard, sino hacia una intelección más alta que la propia, afín al dejarse y olvidarse de san Juan de la Cruz. Como no podemos darlo solos, requiere una gracia elevante, y de ahí brota una nueva dualidad entre filosofía y teología.
Capítulos: 2Autores comentados: Kierkegaard, San Juan de la Cruz
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El trilema del barón de Münchhausen (Epistemología, creación y divinidad)
Polo recoge una crítica a la ciencia moderna, nacida de la idea de progreso indefinido que Bacon alentó, mediante el trilema del barón de Münchhausen. El barón debe cruzar un lago sin barco, y solo caben tres vías: hacer pie, tirarse de la coleta o nadar. La primera equivale a tener fundamento, y la ciencia físico-matemática carece de él. La segunda, a ser un sistema completo y coherente que se baste a sí mismo, y la ciencia tampoco lo es. La tercera, nadar, es la discursividad: pasar de una hipótesis a otra, y no existe criterio lógico para construir el nuevo modelo, que depende del genio inventivo y es contingente. La ciencia queda así sin fundamento, sin sistema y sin regla de continuación. Polo añade que algunos frutos del progreso, como la bomba atómica, se han revelado poco humanos, lo que debilita la confianza ingenua en el progreso.
Capítulos: 2Autores comentados: Bacon, pensadores posthegelianos
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La ausencia de un sistema científico (Epistemología, creación y divinidad)
Polo sostiene que ni siquiera tiene sentido proponerse un sistema científico completo y unitario. Ni existe la matemática necesaria, ni esta es del todo consistente, a juzgar por Gödel: partiendo de unas proposiciones siempre surge un teorema injustificable que habría que elevar a axioma, con lo que aparece un proceso al infinito y el sistema resulta indecidible. El ideal del sistema total es hegeliano, pero el hombre no abarca todo. Wittgenstein admite sistematizaciones parciales, una pluralidad de reglas como en los juegos, aunque no hay un juego de los juegos, que quizá solo juegue Dios. Por ello la ciencia moderna carece de fundamento y consistencia, y confía en que otros modelos reemplacen a los fallidos. Las explicaciones estadísticas, las más débiles, topan con el ruido blanco cuando entran muchos factores. Su gran límite, concluye, es no vincularse a la ética, que no puede dictarse a sí misma.
Capítulos: 2Autores comentados: Gödel, Hegel, Wittgenstein
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