Las tres dimensiones de la ética (Ética para empresarios)
Para Polo la ética es una ciencia muy importante, quizá la más importante acerca del hombre, y su complejidad reside en que sigue un valorar de asuntos imbricados entre sí, de modo que ninguno se entiende sin los demás. Las tres dimensiones que la hacen una ciencia correcta son las virtudes, las normas y los bienes. No se puede hacer una ética solo de virtudes, ni solo de bienes, ni solo de normas: si se desarrolla únicamente una, la ética se entiende mal y hace falta completarla con las otras. Las «tres versiones rivales» de las que habla MacIntyre no son, en rigor, sino visiones parciales y por eso pueden chocar: si un planteamiento se centra en un solo asunto, las otras visiones le resultan extrañas. Es consecuencia de la unilateralidad.
Capítulos: 6Autores comentados: Aristóteles, Platón, MacIntyre
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Ética estoica (virtud cerrada a normas y bienes) (Ética para empresarios)
Polo ve en la ética estoica el ejemplo clásico de una ética solo de virtudes, que es una ética incompleta. Centrada en la virtud entendida como cerrada a las normas y a los bienes, se reduce a un intento de autonomía humana de carácter negativo: como el mundo exterior no es bueno, el hombre solo será feliz si se hace indiferente, incluso a los sufrimientos que provocan las circunstancias. Es, por eso, una ética desesperanzada cuyo objetivo es no ser alterado, la ataraxia. Polo recuerda el ejemplo, contado por Aristóteles, del padre estoico al que se le muere un hijo y sigue como si nada. Para Polo la ética no puede ser eso: los estoicos entienden mal la virtud, que degradan frente a la ética de Aristóteles, donde se relaciona con las normas. Y observa que ningún rasgo de estoicismo suele rodear al empresario.
Capítulos: 6Autores comentados: Zenón, Marco Aurelio, Montaigne, Séneca, Aristóteles
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Ética solo de normas (normativismo y casuística) (Ética para empresarios)
Según Polo, gran parte de la ética empresarial es ética de normas, por ejemplo cuando se habla de código de empresa. Las normas deben existir, pero si solo se consideran se racionaliza demasiado la virtud humana y se prescinde de las virtudes y, sobre todo, de la prudencia. Se pretende una conducta automática y previsible, organizar la empresa con reglas como si fueran normas técnicas o de seguridad, lo que fuerza a la empresa a hacerse rígida y no es propio de una vida ética, que exige flexibilidad. Polo lo ve en la época victoriana, un encuadramiento de la conducta. Quien solo cumple la norma prescinde de lo más interior y no mejora como persona. También la casuística es un normativismo ético: no puede tener en cuenta las circunstancias de cada acción. No es relativismo, sino reconocer que la libertad no admite planificación completa.
Capítulos: 6Autores comentados: Hume, Adam Smith
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Motivación intrínseca (Ética para empresarios)
Polo recoge la teoría de la acción de su amigo Juan Antonio Pérez López, que gira en torno a las motivaciones. La motivación intrínseca es la satisfacción que se consigue por hacer una acción, en el mismo hacer diario: el matemático encuentra satisfacción en ejercer su mente, el corredor en correr, el estudiante en estudiar. Polo añade, con Tomás de Aquino, que la virtud hace más fácil el esfuerzo. Aplicado a la empresa, si no hay motivación intrínseca aparece un déficit en el hacer: si los obreros actúan solo por el salario o al directivo solo le gusta ganar dinero, hay desgana y solo queda la motivación extrínseca. El empresario con motivación intrínseca, al que le gusta ser empresario, no se jubila como el hedonista. Frente a ellas está la motivación trascendente: buscar el bien de otro.
Capítulos: 6Autores comentados: Juan Antonio Pérez López, Tomás de Aquino
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Consumismo y hedonismo (ética solo de bienes) (Ética para empresarios)
Una ética solo de bienes, sin normas ni virtudes, alcanza bienes muy pequeños que se justifican por el hedonismo, porque producen placer. Para Polo es explicable que tras una ética racionalista venga una hedonista: se rompe la jaula de hierro de la norma. El hedonismo es una declaración de insuficiencia y se caracteriza por la trivialidad; está unido al consumismo, que califica de plaga que destruye la organización social. No es inmoral por tener que ver con bienes, sino porque el hombre se priva de los bienes más altos y se satisface con muy poco. Va acompañado de vicios como la vanidad y la envidia. Polo hace responsables a los empresarios de evitarlo: las empresas excelentes buscan producir mejor, no confiarlo todo a la abundancia ni a la publicidad. Y critica la «cultura del botón», que esclaviza a quien no entiende lo que usa.
Capítulos: 6Autores comentados: Aristóteles
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La empresa como institución social organizadora (Ética para empresarios)
Para Polo las empresas económicas productivas son instituciones de la sociedad, y el cometido principal de la empresa moderna es hacer cada vez mejor a la sociedad; por eso se declara «empresarista». La organización de la sociedad correrá cada vez más a cargo de la empresa, y si en sus componentes no hay virtudes la empresa desorganiza la sociedad o introduce una organización que no es buena. Por retroacción, si la empresa estropea a los hombres, estos entran luego en la empresa y funcionan peor: un círculo vicioso. Polo describe el proceso vanidad, envidia, odio, que da lugar al terrorismo, y recuerda el mensaje de Juan Pablo II a los colombianos en 1986. Es evidente que la productividad debe aumentar, pero no se puede organizar mejor las empresas sin virtudes. La ética no es una guinda de la empresa.
Capítulos: 6Autores comentados: Juan Pablo II
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La unión de las virtudes y los hábitos (Ética para empresarios)
Polo recuerda que las virtudes deben estar coordinadas: se dice que la virtud es átoma, y que las distinciones son expositivas y pedagógicas. Si uno no tiene una virtud le faltan todas las demás, pero quien progresa en una progresa en las otras: el prudente tiende a ser justo y el justo templado. Las virtudes morales se adquieren con el tiempo, por repetición de actos, y nunca se acaban de adquirir. Para Aristóteles no se pueden enseñar, solo exponer; se aprenden viendo al hombre virtuoso. De las muchas virtudes morales, la filosofía clásica destaca cuatro cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Hay tres tipos de hábitos: los de la inteligencia, las virtudes morales, que perfeccionan la voluntad, y los productivos, las técnicas. Frente a ellas están los vicios, hábitos negativos.
Capítulos: 6Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino
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La voluntad como tendencia al bien y a la felicidad (órexis) (Ética para empresarios)
Polo explica que las virtudes morales, a diferencia de los hábitos intelectuales, tienen que ver con la inclinación natural del alma, la voluntad, tendencia más alta del hombre, que se dirige a lo que todavía no se posee. En Aristóteles es la órexis, las «ganas»: ganas de aquello que no se posee. Lo que se busca es el bien, el fin, y su logro en un proceso largo se llama felicidad. Las virtudes perfeccionan la capacidad orética, facilitan el camino al bien y por eso son ellas mismas bienes: lo bueno en el hombre es lo que aumenta su capacidad de bien. Los apetitos sensibles existen, pero no son susceptibles de virtudes. Para tender al bien hay que conocer la verdad, y sin voluntad la inteligencia no hace bueno al hombre. La prudencia marca el vínculo entre ambas.
Capítulos: 6Autores comentados: Aristóteles
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La libertad radicalmente personal (Ética para empresarios)
Los clásicos sitúan la libertad en la razón como raíz y en la voluntad como expresión, y solo la elección es libre, pues el hombre tiende necesariamente a la felicidad. Polo, aunque quiere ponerse antes de acuerdo con ellos, está convencido de que la auténtica sede de la libertad es la persona, más profunda que la voluntad, que se extiende a ellas de modo limitado. Aristóteles no recoge bien la libertad porque no conoce la persona, descubrimiento cristiano; Tomás de Aquino la trata en el orden de la naturaleza. La persona es libre porque ha de dialogar con Dios, que no quiere esclavos. Con el ejemplo de la «niña rica» de Max Scheler, Polo muestra que ante cosas de poca importancia, como elegir entre ginebra y whisky, hace falta poca libertad: es la libertad «para», que crece con la altura de aquello con lo que trata.
Capítulos: 6Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino, Max Scheler, Josemaría Escrivá, Pérez López
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El nivel de los medios y la persona como fin (Ética para empresarios)
Polo advierte a los empresarios que se mueven en el nivel de los medios, porque lo único que el hombre puede producir con su actividad práctica son medios. No es de poca entidad, pues el hombre no puede vivir sin ellos y los medios están al servicio del hombre; pero lo único que es fin en sí mismo es el hombre y Dios. Una empresa es un conjunto de personas, y tratarlas solo como medios o como factor de trabajo es ilícito: lo decía Kant. «Lo más importante en la empresa no son los zapatos que produce, sino los hombres que producen esos zapatos». La empresa está trascendida por las personas que la constituyen y a las que se dirige; entenderla solo como manera de ganar es no entenderla del todo. Contratar solo por salario es no tener en cuenta la dignidad, y trata a la gente como esclavos.
Capítulos: 6Autores comentados: Kant, Pérez López
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Entender teórico, querer práctico: razón práctica, elección e imperio (Ética para empresarios)
Para Polo la inteligencia es teórica y posesiva; la voluntad, práctica y tendencial: tiende a lo que no tiene y por eso necesita concretar, singularizar, realizar. Sin teoría no hay práctica; quien se encarga de «ponerle patas a las ideas» es la voluntad. La teoría en tanto que se ordena a la voluntad es la razón práctica. Polo contrapone la utopía o ideología, demasiado teórica, que fuerza la realidad al llevarse a la práctica, como en el comunismo. Mientras la deliberación es un acto racional, la elección es un acto voluntario: es siempre una concreción. La prudencia, virtud moral pero de la inteligencia, conecta con la voluntad por dos procesos: la deliberación y el imperio, que lleva la elección a la ejecución. El imperio es racional, no voluntario: de lo contrario sería despótico. Cuanto mejor es el proyecto, menor es el tiempo de ejecución.
Capítulos: 6Autores comentados: Pérez López, Aristóteles, Pierre Aubenque, Pieper
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Partes de las virtudes y prudencia gubernativa (Ética para empresarios)
En la doctrina tradicional, Polo recuerda que las virtudes tienen partes potenciales, integrantes y subjetivas. Las potenciales son virtudes más pequeñas, antecedentes y preparatorias de la virtud cardinal; así la sensatez prepara a la prudencia. Las integrantes son los distintos aspectos o dimensiones de la virtud; las subjetivas, sus clases. Las partes subjetivas de la prudencia son la del hombre en particular, la del padre de familia, la del gobernante o política y la militar, con una jerarquía. La prudencia por antonomasia es la gubernativa, propia también del dirigente de una empresa, y Polo prefiere llamarla así. A la prudencia se la llama auriga o generadora de las virtudes; desemboca en la justicia, que también es muy importante para el directivo. Un hombre prudente que no es justo no es prudente de verdad.
Capítulos: 6Autores comentados: Tomás de Aquino, Sellés
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Consentimiento o sinceridad ante la pluralidad de bienes mediales (Ética para empresarios)
Polo estudia las partes potenciales de la prudencia. Primero, la razón práctica conoce una pluralidad de bienes mediales. Segundo, la voluntad ha de dar su consentimiento, que Polo llama sinceridad: asentir a todos esos bienes como buenos, aunque no pueda realizarlos o no sean para ella. La fábula de la zorra y las uvas es el caso de insinceridad, y el vicio de la astucia. Esa sinceridad despierta el afán de progreso y evita la envidia. Tercero, la deliberación compara los bienes según su importancia y la capacidad propia, distinguiendo lo preferible en sí de lo preferible in casum. La prudencia, cuyo nombre remite a pro-videre, mira al futuro: el prudente acepta su situación y a la vez aspira a más. Un directivo prudente procura mejorar la aptitud de su gente. Polo critica la publicidad engañosa, contraria a la sinceridad.
Capítulos: 6Autores comentados: Aristóteles, Hermías
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Requisitos de la prudencia (Ética para empresarios)
Polo recorre las partes integrantes de la prudencia. La experiencia o memoria hace la vida más serena: quien carece de virtudes está abrumado o es un pesimista. La docilidad es dejarse aconsejar, porque cuatro ojos ven más que dos, aunque cada uno evalúe el consejo con su criterio. La circunspección es mirar alrededor, tener en cuenta las circunstancias. La cautela es la previsión de las dificultades y el cálculo; por eso el contable que solo calcula paraliza, y debe ser también providente. La providencia mira hacia adelante, como la investigación en una universidad o en una empresa. La inteligencia evita la política del avestruz. La solercia es hacer frente a lo imprevisto, cuando no hay tiempo de deliberar, por ejemplo en una crisis.
Capítulos: 6Autores comentados: Aristóteles, Juan Antonio Pérez López
Relacionados:El imperioLa justicia: dar a cada uno lo suyo
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El imperio (Ética para empresarios)
Para Polo el imperio es la parte más importante de la prudencia, pues después de elegir hay que pasar al acto, y esto a veces se pospone. Hay quien ha elegido algo y no llega a ejecutarlo; sin el imperio de la prudencia no hay ejecución. Es como si la inteligencia le dijera a la voluntad: ya que has elegido, ahora hay que actuar. Por eso el imperio es un acto de la razón práctica, y lo que le hace falta al prudente es la capacidad de imperar. Polo añade que los medios son medios entre sí, no hay medios finalizados: la elección no es la de un medio único, sino la de una parte en la conexión de los medios. Esto importa para la prudencia y la justicia, y es una añadidura a lo averiguado por Aristóteles.
Capítulos: 6Autores comentados: Aristóteles
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La justicia: dar a cada uno lo suyo (Ética para empresarios)
Polo presenta la justicia como virtud de la voluntad, no de la razón práctica como la prudencia: el hábito con el que de modo constante y perfecto se da a cada uno lo suyo, que es el bien de otro. Implica estimar que el bien de cada ser humano no es menor que el de otro; esa igualdad se llama lo justo. Por eso contraría en cierto modo una inclinación natural, la de considerar que lo propio vale más por ser propio. Es una virtud de adquisición tardía: un niño no suele ser justo, y hay que educar en ella paulatinamente. Nadie debe engañarse diciendo que es naturalmente justo. El prudente no se escandaliza de las injusticias, sino que procura adquirir la justicia. Un directivo debe ser prudente, pero llegar a la justicia.
Capítulos: 6Autores comentados: Tomás de Aquino, Aristóteles
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El bien común y la ley natural (Ética para empresarios)
La justicia no se explica solo desde la voluntad: necesita la ley natural, que Polo, con Tomás de Aquino, describe como la participación en el hombre de la ley eterna. La ley es obra de la razón práctica, no de la voluntad. Mira al bien de todos, incluido uno mismo, que es el bien común: concreto y a la vez universal; por antonomasia, Dios. Polo sostiene que la injusticia comporta desprecio a los demás: unos se consideran personas y otros simples medios. Aplicado a la empresa, advierte que en el capitalismo está implicado un cierto desprecio, una diferencia de rango entre empresario y trabajadores, y completa así a Pérez López. No cabe ser justo con unos e injusto con otros, dentro o fuera de la empresa.
Capítulos: 6Autores comentados: Tomás de Aquino, Juan Pablo II, Juan Antonio Pérez López
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La sindéresis y las normas negativas (Ética para empresarios)
Según Polo, la ley natural no la conoce la razón práctica, sino la sindéresis, un conocimiento de lo voluntario superior a la razón práctica, no menos que racional sino mucho más. Es el origen de toda norma: conoce los principios morales normativos, no las normas concretas. Su principio es hacer el bien. Las normas concretas del Decálogo, las de la segunda tabla, son negativas, y Polo juzga conveniente que lo sean, pues así la libertad se abre paso en la voluntad y son posibles las virtudes. Pueden convertirse en positivas: no robar es amar al prójimo. Aristóteles no distingue estas normas; las conoce el Decálogo. A la sindéresis se la suele llamar conciencia moral; cuando está oscurecida, se yerra. Polo critica una antropología hedonista, como la de Nietzsche, que comporta autodesprecio.
Capítulos: 6Autores comentados: Tomás de Aquino, Aristóteles, Nietzsche
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Justicia legal, distributiva y conmutativa (Ética para empresarios)
Polo recoge las clases clásicas de justicia, de más a menos importante. La legal o general es la relación de cada hombre con el bien común y ordena los actos de las demás virtudes a él. La distributiva es la de la comunidad con los individuos; su medida es proporcional, pues las actividades más importantes deben estar a cargo de los más capaces. Nombrar a los menos capaces para los cargos más altos es una estupidez, y lleva al principio de incompetencia de Peter. La conmutativa es la de unos individuos con otros, y su ejemplo es la compraventa, donde lo vendido se paga por lo que vale. Los partidos políticos, dice, nacieron como clubs de formación de políticos, y hoy han perdido ese sentido.
Capítulos: 6Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino
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El salario y el valor añadido (Ética para empresarios)
Polo afirma que confundir el salario con un precio es un error tremendo, y que considerarlo un gasto es falso y vinculado a la injusticia. El beneficio es un bien común, conseguido entre todos; decir que el salario es un gasto es considerar al trabajador externo a la empresa. El salario es una parte de la distribución del beneficio o del valor añadido, que debe repartirse por justicia distributiva: más a los más capaces, con más cargas y responsabilidades, y ayudando estos a los menos capaces. El precio justo es variable frente a la demanda; extenderlo a salario justo es una tontería de primer calibre, y habría que hablar de salario posible. La primera parte del valor añadido va a la amortización y a la inversión. Sin valor añadido se aprietan los cinturones empezando por el directivo.
Capítulos: 6Autores comentados: Aristóteles, Juan Pablo II
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La justicia social, solidaridad y subsidiariedad (Ética para empresarios)
Para Polo la justicia social, poco desarrollada por los clásicos, es algo más amplio que una virtud: una institución ligada a la constitución del Estado y a sus leyes estructurales, y a la vez una virtud dinámica de la voluntad que lucha por mejorar la organización de la sociedad. Hoy se entiende mal, como igualdad de ganancias. Tiene que ver con la capacidad de asociación; Tocqueville decía que la primera ley de la democracia es el derecho a asociarse. Requiere propiedad privada e iniciativa, libertad religiosa y cultural, y separación de los tres poderes. Distingue en el bien común un aspecto formal y otro material, e incluye acceso al crédito. Sus principios son la solidaridad y la subsidiariedad: lo que puede hacer el inferior no lo haga el superior.
Capítulos: 6Autores comentados: Tocqueville, Juan Pablo II
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Partes potenciales de la justicia (Ética para empresarios)
Polo señala dos partes integrantes de la justicia: dar lo debido cuando aún no se ha dado y respetarlo cuando se tiene, de modo que el robo tiene que ver con esto. Como partes potenciales, que no cumplen enteramente la noción de justicia, menciona la religión y la piedad, cuando no se puede pagar lo que se debe, como a Dios, a los padres o a la patria. Otras son la gratitud, la veracidad y la afabilidad, donde no hay obligación estricta. Aquí discrepa de Tomás de Aquino: la veracidad es vital, porque la mentira destruye la sociedad, y cumple todos los requisitos de la justicia. Añade la liberalidad, como dar limosna, y la equidad, que está por encima de la justicia. Sin ellas la justicia se queda rígida.
Capítulos: 6Autores comentados: Tomás de Aquino
Relacionados:La justicia: dar a cada uno lo suyoLa amistad, virtud superior
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La amistad, virtud superior (Ética para empresarios)
Polo sostiene que la amistad, aunque no sea virtud cardinal, es la más alta, porque integra las demás: la unidad de las virtudes se da en ella, y resuelve el círculo entre prudencia y justicia. Sigue a Aristóteles (Ética a Nicómaco, VIII y IX) y al Lisis de Platón: es lo más necesario para la vida, pues sin amigos nadie querría vivir, y los amigos son el único refugio en el infortunio. Distingue tres tipos, todos con reciprocidad: la perfecta, entre buenos, que quieren el bien del otro por sí mismo y es permanente pero rara; la de interés y la de placer, imperfectas, que se rompen cuando cesa el beneficio y en las que aparecen reproches y reclamaciones. Recuerda que Pérez López hablaba de la amistad como motivación trascendente.
Capítulos: 6Autores comentados: Aristóteles, Platón, Juan Antonio Pérez López
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Corrección fraterna, fortaleza y autoridad (Ética para empresarios)
En la amistad perfecta, dice Polo, no hay reproches ni reclamaciones, pero sí correcciones: se busca que el otro no deje de ser bueno. La corrección es más que un consejo, parte de la prudencia, y por eso la amistad es más elevada que la prudencia. Exige fortaleza: el hombre blando no puede ser amigo, y la sinceridad entre amigos se llama franqueza. La adulación destruye la verdadera amistad. Aplicado a la organización, las reclamaciones prueban que hay amistades por interés. Quien busca hacerse imprescindible no es capaz de amistad; con hombres sin ética lo mejor es echarlos, por capaces que sean. El hombre bueno es duro, no bonachón. Sin firmeza se funciona en falso y se puede pasar a la corrupción.
Capítulos: 6Autores comentados: Aristóteles, Juan Antonio Pérez López
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La amistad en el cristianismo y la caridad (Ética para empresarios)
Para Polo el cristianismo se basa en el amor; los paganos decían de los cristianos: mirad como se aman. El amor pagano era exclusivista y odiaba al enemigo, mientras que la caridad es universal: no cabe ser amigo de todos, pero sí tener caridad con todos. Tomás de Aquino sostiene que la amistad es virtud, pero no exactamente lo mismo que la caridad; en la Suma, amicitia tiene sentido de caridad. Las virtudes humanas tienden a la felicidad natural; el cristiano persigue una más alta, imposible sin la caridad. Sin embargo la caridad no puede dejar de lado la amistad: Cristo llamó amigos a sus discípulos. Sin amistad ni aprecio, la fraternidad se hace insulsa y puede degenerar en filantropía. La caridad perfecciona la amistad humana.
Capítulos: 6Autores comentados: Tomás de Aquino, Tertuliano, San Pablo, Cicerón
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El plexo de los medios y el tener (Ética para empresarios)
Polo sostiene que la razón práctica solo conoce bienes mediales; conocer bienes finales y personas requiere la sindéresis. Aristóteles distingue tres niveles del tener (exis): el corpóreo, medido por el cuerpo humano, como el vestido o el anillo, que es el de los medios y abarca producir y consumir; el cognoscitivo o inmanente, donde lo pensado está en el pensar; y el intrínseco, las virtudes y hábitos. Los medios no son cosas, sino útiles que remiten unos a otros: el martillo no es martillo sin clavo. De ahí el plexo, una totalidad de medios: la casa, la ciudad, el comercio o el huerto de la Ribera del Ebro con sus chopos y su higuera. Todos los medios están relacionados.
Capítulos: 6Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino, Heidegger, Jesús Arellano, Juan Sánchez Sedeño
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La propiedad privada y la hipoteca social (Ética para empresarios)
De que los medios forman un plexo, Polo deduce una consecuencia importante para la propiedad. Ser propietario es estar adscrito como persona a una parte del plexo, y es lógico que el hombre sea propietario de medios, porque estos están subordinados al cuerpo humano. Pero como esa parte guarda relaciones con los demás medios, la propiedad nunca puede ser absoluta; de ahí la idea de Juan Pablo II sobre la hipoteca social de la propiedad. La propiedad en el sentido romano no es válida: se es propietario en relación con algo de lo que no se es propietario, y cegarse ante ello empobrece el plexo. Una propiedad considerada de modo absoluto rompe el plexo total, lo arruina y acaba con la prosperidad, y a veces es contraria al progreso económico o técnico.
Capítulos: 6Autores comentados: Juan Pablo II
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