Sentidos del acto en Aristóteles (La esencia humana)
Polo resume que el acto de ser no se puede confundir con los sentidos del acto en Aristóteles, que se pueden mantener. Uno es la enérgeia, que en sentido estricto es el acto de conocer. El otro es la entelécheia, el sentido formal del acto: la forma como acto o la actualidad de la forma. La sustancia es enteléquica por estar compuesta con la forma. Es evidente que ambas no son lo mismo, porque el acto de conocer no es la sustancia, y el acto no puede aplicarse de la misma manera a una y a otra. En algunos pasajes, tres o cuatro, Aristóteles tiende a relacionarlas o a indiferenciarlas. Para Polo, lo que se puede rescatar es la enérgeia; la entelécheia le parece una extrapolación, y además aparece más tarde en el pensamiento del Estagirita.
Capítulos: 3Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino
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Dios como enérgeia (noéseos noésis) (La esencia humana)
Polo recuerda que, según Aristóteles, Dios es noéseos noésis, y lo entiende como enérgeia, el acto de conocer; en latín, el Ipsum Intelligere Subsistens. Si Dios es enérgeia, no se puede decir que sea entelécheia, cosa que Aristóteles no dice, y la enérgeia es entonces más importante que la entelécheia. En el hombre, en cambio, la entelécheia es más importante, al superar el accidente o en el ejercicio de la naturaleza cognoscitiva; en Dios eso no tiene sentido. Que Dios sea una sustancia inmaterial no es aristotélico, sino de quienes no advierten la distinción. Polo añade que Tomás de Aquino parece no conocer los textos más importantes sobre la enérgeia, pues Guillermo de Moerbeke los omitió al traducir la Metafísica.
Capítulos: 3Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino, Guillermo de Moerbeke
Relacionados:Sentidos del acto en AristótelesEl acto de ser no es enérgeia ni entelécheia¿Filósofo de la sustancia o de la enérgeia?
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¿Filósofo de la sustancia o de la enérgeia? (La esencia humana)
Polo plantea que el sustancialismo aristotélico está muy presente en algunos textos de Tomás de Aquino, y de ahí surge otro tema: si Aristóteles es fundamentalmente un filósofo de la sustancia, de la entelécheia, o un filósofo de la enérgeia. Los especialistas lo han discutido mucho. Señala que el Estagirita empezó hablando de la enérgeia y que la entelécheia aparece más tarde. La enérgeia figura en el De Anima, obra de vejez, porque al estudiar el ser vivo se encuentra la operación inmanente, y por ahí toma contacto Tomás de Aquino con este sentido del acto. Aunque la palabra acto parezca reunir los dos sentidos, Aristóteles distingue la entelécheia de la enérgeia.
Capítulos: 3Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino
Relacionados:Sentidos del acto en AristótelesDios como enérgeia (noéseos noésis)El acto de ser no es enérgeia ni entelécheia
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El acto de ser no es enérgeia ni entelécheia (La esencia humana)
Para Polo, el acto de ser no es ni la operación inmanente, la enérgeia, ni la actualidad de la forma. El de Tomás de Aquino no es ni una cosa ni la otra, y eso es lo que Aristóteles no descubrió o no pensó. Hay textos tomistas, como el de la forma formarum, en que se recuerda intensamente o se asimila el acto de ser a la forma; de ser así, sería un acto enteléquico. A su modo de ver, ahí hay un desliz, explicable porque se juega con el sustancialismo aristotélico. Tampoco cabe decir que el acto de ser del universo sea una enérgeia, puesto que no es un acto de pensar. Naturalmente, la forma sería una dimensión de la esencia, distinta del acto de ser.
Capítulos: 3Autores comentados: Tomás de Aquino, Aristóteles
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La forma pertenece al orden de la esencia (La esencia humana)
Polo sostiene que la forma está en el orden de la esencia, sobre todo en el universo material. Si la esencia es potencia respecto del acto de ser, la forma es potencial, y entonces no cabe seguir afirmando su carácter actual, que es lo que significa acto enteléquico: acto actual. Hay que averiguar, pues, en qué sentido la forma es potencial y cómo el acto de ser da lugar a la esencia. En la esencia humana puede haber una forma superior a las formas físicas, pero que la forma esté en la esencia no basta para distinguir la esencia humana de la del universo. Aunque haya distinción formal en ambas, la forma no es la esencia; se podría llamar culminación de la esencia aquello sin lo cual no se puede hablar de esencia.
Capítulos: 3Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino
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Sentidos de la potencia en Aristóteles (La esencia humana)
Para un aristotélico hablar de la forma como potencia es una especie de absurdo, pues en Aristóteles la potencia tiene que ver con la materia, con la acción y con la causa eficiente. Polo recoge la potencia pasiva, que sería la materia, y un sentido activo, la dynamis kata fisis, relacionada con actos enteléquicos o con la actividad eficiente; existen potencias activas, o una activación de la potencia que es el movimiento. Aristóteles mismo dice que desde un punto de vista la potencia activa y la pasiva son una sola potencia y desde otro dos. Además, habría una dynamis kata logos, potencia racional o lógica, ilustrada con el ejemplo del manto rasgado, que antes de rasgarse solo pensamos como rasgable.
Capítulos: 3Autores comentados: Aristóteles
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Potencia kata logos, lo lógico y el individuo (La esencia humana)
Polo se pregunta qué sentido tiene lo lógico respecto a lo real. Lo lógico es algo mental, no real extramental, está en el orden de las intenciones cognoscitivas; ¿significa eso que es una mera construcción mental, como pensaría Ockham? Se ha pretendido solucionar con la designación de lógico con fundamento in re, pero lo que no se puede decir es que lo lógico sea real. Por eso se suele decir que la realidad es individual y que el individuo es inefable: en Aristóteles el individuo no es un predicable, pues los predicables son el género, la diferencia específica y la especie. Tomás de Aquino mantiene que no corresponde al intelecto creado conocer lo singular: lo que conoce lo conoce sub ratione universali, prescindiendo de la materia, principio de individuación. Dios, en cambio, lo conoce todo. Polo lo presenta como uno de los asuntos que surgen al investigar lo potencial.
Capítulos: 3Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino, Ockham
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La esencia como potencia respecto del acto de ser (La esencia humana)
Polo afirma que el sentido de la esencia como potencia no puede ser ninguno de los sentidos aristotélicos, puesto que es potencial respecto del acto de ser. Aquellos no son distintos realmente del acto de ser; tampoco lo son los seres intracósmicos, que para distinguirse tienen que incluirse en la esencia del universo, porque ellos solos no pueden ser reales. Lo que se distingue del acto de ser no son ellos, sino el universo del que forman parte. La forma se puede colocar en el orden de la esencia, y es esta la que es distinta realmente del acto de ser. Como en Aristóteles la potencia es lo que no es acto, hay que ampliar sus sentidos para decir que la esencia es potencial respecto del acto de ser.
Capítulos: 3Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino
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El alma como entelécheia de un cuerpo organizado (La esencia humana)
Según Aristóteles, el alma es el primer acto enteléquico, pero no de una materia estrictamente, sino de un cuerpo organizado; no constituye un compuesto hilemórfico de materia y causa formal. El cuerpo organizado no es meramente materia informada. Por encima de los cuerpos mixtos, como un cristal, una piedra o un hierro, que son realidades químicas con materia dispuesta, están los cuerpos organizados, cuya forma es la entelécheia tomada como acto. Aquí la entelécheia tiene más sentido de acto, pero un acto influyente, con connotación eficiente, porque la organización requiere una acción y porque el cuerpo vivo es principio de sus movimientos. Por eso no es una mera causa formal unida a la materia.
Capítulos: 3Autores comentados: Aristóteles
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El alma humana, la persona y el acto de ser (La esencia humana)
Cuando se trata del alma del hombre, es una forma superior, relacionada con el conocimiento y el querer. Según Tomás de Aquino es separable e inmortal, a diferencia del alma del animal, que se acaba con su muerte. Pero, por su modo de entender la persona, que tiene razón de totalidad, el alma no es el hombre entero, y el alma separada no es persona. Polo añade que el alma humana también pertenece al orden de la esencia: el actus essendi humano es distinto realmente de la esencia humana. Identificar alma y acto de ser es quedarse en la antropología aristotélica. El alma es uno de los constitutivos esenciales, no el acto de ser. La inteligencia es facultad del alma, no del compuesto.
Capítulos: 3Autores comentados: Tomás de Aquino, Aristóteles
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Hilemorfismo y participación platónica (La esencia humana)
Polo explica que, con la forma como entelécheia en la sustancia material, Aristóteles refuta la participación platónica, al menos de lo inteligible en lo sensible, primer sentido de la participación. Para Aristóteles esa primera versión es aquella en que la forma está en la materia, y así se constituye la sustancia hilemórfica; el hilemorfismo supera la formulación del Fedón y el Fedro. Pero no todas las sustancias son hilemórficas: además de la forma sustancial se admiten formas puras, separadas. Platón, ya a los sesenta años, critica su pensamiento en el Teeteto, el Parménides y el Filebo, y plantea la participación de lo inteligible en lo inteligible, la koinonía, entre las Ideas.
Capítulos: 3Autores comentados: Aristóteles, Platón
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El aristotelismo rígido y la forma potencial (La esencia humana)
Polo admite que, para un tomista aristotélico, decir que la forma es potencia es un contrasentido, pero Aristóteles, de filosofía abierta, seguramente podría entenderlo. Sus nociones se han congelado y muchos las aceptan de modo dogmático, lo cual en filosofía no se debe hacer nunca. Que la forma sea acto sería un dogma, pero habría que mostrar que tal acto es enteléquico. Si se toma una forma por encima del acto enteléquico, la entelécheia no es claramente acto, sino forma de carácter potencial. Polo propone un argumento: en el cuerpo mixto se habla de una materia dispuesta, y esa forma dispositiva es potencial. Aceptar las nociones como dogmas es, dice, traicionar a Aristóteles.
Capítulos: 3Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino
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Acto de ser del universo como primer principio (La esencia humana)
Polo se pregunta en qué sentido hay esencia y acto de ser en el universo, y sostiene que su acto de ser hay que verlo como primero, es decir, como principio: es próton respecto de la esencia. El acto de ser del universo no es ninguna de las cuatro causas ni las cuatro juntas, porque eso es la esencia. Es algo superior a las causas. Las causas, en cuanto se distinguen y concurren entre sí, forman una pluralidad coordinada que depende de un más allá trascendente a ellas, y eso es un primer principio. Por eso las causas son principios predicamentales, pero no principios primeros. Polo advierte además que el acto de ser del hombre no es primer principio, sino la persona.
Capítulos: 4Autores comentados: Leonardo Polo, Aristóteles
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Creación principial del universo (La esencia humana)
Polo recuerda que su filosofía creacionista atiende a temas cristianos y advierte que el hombre no es la primera criatura: antes de crearlo, Dios crea otras. Cuando el Génesis dice que en el principio Dios creó el cielo y la tierra, según la exégesis actual quiere decir que creó el universo material y a los ángeles. Ese cielo no es la atmósfera ni los espacios siderales, que son un sentido físico y forman parte del universo, sino lo que san Pablo llama el Tercer Cielo, la creación angélica. De ahí que, tratándose del universo físico, haya que hablar de la creación de un principio: el universo es creado principialmente.
Capítulos: 4Autores comentados: Leonardo Polo, San Pablo
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Realidades que se reducen a ser principios (La esencia humana)
Polo recoge de Tomás de Aquino que hay realidades que se reducen a ser principios y otras que, además de serlo, son quiditativas: principian, pero no se agotan en ser principios. Como ejemplo de estas últimas pone a Dios y al alma humana. Dios es principio en cuanto Creador, pero no se le entiende exclusivamente como principio; al alma le pasa igual, aunque Aristóteles la haga venir de los astros, algo que depende de su teoría astral y no se puede sostener. En otros casos la realidad es principio, es decir, causa, y nada más. Polo subraya el interés de estos textos: hay realidades a las que basta con ser principios y a las que no hay que pedir más.
Capítulos: 4Autores comentados: Tomás de Aquino, Aristóteles, Leonardo Polo
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La sustancia como causa en Aristóteles (La esencia humana)
Polo observa que al comienzo del libro VII de la Metafísica Aristóteles anuncia que teorizará sobre la ousía, pero al final, tras dar muchas vueltas a la noción de sustancia, dice que en rigor hay que entenderla como causa. Polo lo llama un final notable, casi un acto de desesperación de un pensador empeñado en saber qué significa sustancia, y lo toma como muestra de lo enigmático del aristotelismo, que obliga a darle muchas vueltas. Debe haber una razón, y quizá sea que se relaciona con la tetracausalidad física. Si la fisis son las cuatro causas, decir que la sustancia es causa no apunta a un solo sentido causal, sino a los cuatro juntos.
Capítulos: 4Autores comentados: Aristóteles, Leonardo Polo
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Tetracausalidad física como esencia del universo (La esencia humana)
Aristóteles distingue cuatro sentidos de la causalidad: final, eficiente, formal, que incluye la ejemplar o causa modelo como en un artista, y material. Polo sostiene que, tratándose del universo, la ciencia, entendida como conocimiento por causas, es el estudio de la concurrencia causal completa, que llama tetracausalidad, y que el universo como esencia son las cuatro causas. Considerarlas juntas permite verlas como causas entre sí y no como intrínsecas y extrínsecas: una causa es extrínseca cuando la realidad no queda constituida concausalmente con todas ellas. Así se aprovecha la teoría aristotélica como versión mejorada de la fisis presocrática. Polo remite a su obra El orden predicamental.
Capítulos: 4Autores comentados: Aristóteles, Leonardo Polo
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La fisis presocrática y las cuatro causas (La esencia humana)
Polo recuerda que en el libro alfa de la Metafísica Aristóteles hace una pequeña historia de la filosofía y declara que la filosofía de sus predecesores es incompleta porque no consideraron todos los sentidos de la causalidad: unos hablaron más de la causa formal, otros de la eficiente, otros son materialistas. La filosofía se inició con la pregunta por la fisis, respondida de modos distintos por Tales, Anaximandro, Heráclito, Parménides y los pluralistas. Esa crisis de la fisis llevó a la sofística; junto a los sofistas aparece Sócrates como adversario, y después Platón y Aristóteles, los grandes socráticos, que vuelven a la fisis. La teoría de las cuatro causas va dirigida a eso: fisis significa ante todo principio, arjé, y si no se distinguen cuatro sentidos de la principiación no se tiene una teoría suficiente ni se supera la crisis.
Capítulos: 4Autores comentados: Aristóteles, Tales, Anaximandro, Heráclito, Parménides, Empédocles, Demócrito, Anaxágoras, Sócrates, Platón
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Concausas o causas ad invicem (La esencia humana)
Polo afirma que, aunque se señalen cuatro sentidos de la causalidad, no se deben considerar las causas aisladas unas de otras: si lo fueran, la teoría de la causalidad no sería una nueva solución al tema de la fisis, pues en los presocráticos la fisis es unitaria, es el ente, el monom. Por eso ninguno de los sentidos causales es independiente: las causas lo son entre sí, son concausas o causas ad invicem, según una vieja fórmula de los aristotélicos medievales. El carácter único de la fisis presocrática queda así pluralizado y a la vez unido. Cuando se habla de las causas, dice Polo, hay que hablar en concurrencia.
Capítulos: 4Autores comentados: Aristóteles, Leonardo Polo
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El hilemorfismo como bicausalidad (La esencia humana)
En el modelo hilemórfico, explica Polo, la causa formal y la causa material son causas entre sí, causas unidas que forman un compuesto; la realidad hilemórfica es una realidad que se entiende. Pero no basta para decir que lo hilemórfico es la esencia del universo, porque es solo bicausal: es la concausalidad de la causa formal con la materia. Le falta la causa eficiente, que en los seres vivos no es extrínseca sino intrínseca, y todavía se requiere otra causa, la final. Polo añade que la ciencia como conocimiento por causas es suficiente para conocer ciertas realidades, pero no es el saber superior: por encima están la intelección de los primeros principios y la sabiduría.
Capítulos: 4Autores comentados: Aristóteles, Leonardo Polo
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Distinción real en el universo entre las cuatro causas y el primer principio (La esencia humana)
Para Polo, en la tierra de que habla el Génesis ya está la distinción real: las cuatro causas conforman la esencia y el primer principio es el acto de ser. Basta decir que hay cuatro causas, por unidas que estén, y por tanto una pluralidad de sentidos causales, que depende de un más allá trascendente a ellas. Las causas dependen de la causa que las coordina, la final. La distinción es real porque las cuatro causas se distinguen realmente del primer principio, y además tienen carácter potencial respecto de él, un carácter potencial distinto del que habla Aristóteles. Así la filosofía aristotélica queda llevada al plano de la distinción real essentia–esse de Tomás de Aquino.
Capítulos: 4Autores comentados: Tomás de Aquino, Aristóteles, Leonardo Polo
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Distinción entre la esencia humana y la del universo (La esencia humana)
Polo sostiene que en el hombre la esencia no son las cuatro causas, es decir, no es la tetracausalidad física, y que su acto de ser no es el primer principio sino la persona, que no se puede confundir con un primer principio. Para distinguir la esencia del hombre hay que distinguir la esencia del universo, y eso solo se concibe respecto de lo que es potencial en uno y otro: ser potencial respecto de un primer principio es ser una realidad causal concurrente; ser potencial respecto de la persona es otro asunto. La esencia del hombre es distinta de la del universo porque es distinta del acto de ser humano. Queda por indagar qué significa persona frente al primer principio.
Capítulos: 4Autores comentados: Leonardo Polo, Tomás de Aquino
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Angeleología y acto de ser de los ángeles (La esencia humana)
Según Polo, queda por esclarecer cuál es el acto de ser de las criaturas celestes, los ángeles, y cuál es la distinción real entre ese acto de ser y la esencia del ángel, pues al ser criaturas también ahí debe haber distinción real. Sería una angeleología, un tratado sobre los ángeles. Esa distinción no es igual que la del hombre: el acto de ser de los ángeles no es igual que el del hombre ni que el del universo, y su esencia tampoco. Por eso la angeleología es muy difícil, y sobre los ángeles sabemos muy poco. Haría falta un salto para entender la realidad angélica. Tomás de Aquino hace observaciones interesantes, pero el tema queda abierto.
Capítulos: 4Autores comentados: Tomás de Aquino, Leonardo Polo
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Concausalidad de la realidad física (La esencia humana)
Polo recuerda que la distinción real se formula de manera distinta para el universo material y para el hombre. En el universo, el acto de ser es el primer principio, y su esencia es una pluralidad de principios que no son primeros y que son ad invicem: no pueden estar separados y constituyen concausalidades. La realidad física estriba en la concausalidad, con lo cual se retoma lo que dice Tomás de Aquino, que hay realidades que son sólo causas. Eso significa que hay que entenderlas concausalmente: son concausas, y con eso basta, no hay más. Por eso sólo la concausalidad completa puede llamarse esencia en tanto distinta del acto de ser. Polo insiste en ello para poder distinguir después la esencia humana de la esencia física.
Capítulos: 5Autores comentados: Tomás de Aquino
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Tetracausalidad como esencia del universo (La esencia humana)
Para Polo, en el universo no hay esencias particulares: la esencia es la tetracausalidad. Considerar el universo como esencia es considerar las cuatro causas aristotélicas en su concausalidad, lo cual puede hacerse de manera ascendente, desde lo bicausal y lo tricausal hasta lo tetracausal. Lo bicausal depende de lo tricausal, y lo tricausal es imposible sin la cuarta causa. Por eso el universo es una esencia, no una pluralidad de esencias: ni las vacas, ni las piedras, ni las sustancias elementales son esencias. La tetracausalidad ya no es plural, es la unidad del orden, y ésta es potencial. Además, la tetracausalidad deriva de la principialidad primera, que es el principio de no contradicción entendido realmente. Así se distingue la esencia humana del universo como esencia.
Capítulos: 5Autores comentados: Aristóteles
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La individualidad no pertenece a lo físico (La esencia humana)
Polo sostiene que la tesis de que la realidad es individual ya no queda tan clara, sino que más bien hay que negarla. Ser individuo no pertenece propiamente a lo físico: hace falta una realidad más alta que lo físico. La individuación se da más o menos en los diferentes niveles de la realidad, salvo en los inferiores; lo individual es un síntoma de perfección que no hay que conceder a las realidades imperfectas. La noción de individuo se desarrolla mejor en la persona creada, cuya individualidad se llama irreductibilidad y es una característica de lo más perfecta, porque la individualidad tiene que ir acompañada siempre de apertura respecto de otros. Una persona solitaria, aislada, sería muy individual, pero muy poco persona. Sobre ello remite a su Antropología trascendental.
Capítulos: 5Autores comentados: Polo
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Sustancia hilemórfica no separada (La esencia humana)
La concausalidad más elemental es el hilemorfismo, donde sólo hay causa formal y causa material. Polo afirma que la sustancia hilemórfica no es individual, sino potencial: pertenece a la esencia. El compuesto hilemórfico, junto con la causalidad extrínseca y las otras causas, forma la esencia; sin ellas no existe ni puede separarse. Aristóteles usa joristón, lo separado, para la sustancia, pero la hilemórfica no es separada: debe ser causada por causas extrínsecas y sin la causa eficiente extrínseca no la hay. Es mero efecto, y pensarla separada de sus causas es considerarla en falso. Esas causas son sine qua non, aunque no intrínsecas. Ni la forma ni la materia son causa eficiente, de modo que no es causa, sino causada, y por tanto concausal.
Capítulos: 5Autores comentados: Aristóteles
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Inestabilidad y potencialidad de lo hilemórfico (La esencia humana)
Si la sustancia hilemórfica no es causa, tampoco es estable: no es actual ni enteléquica. Corrigiendo la noción aristotélica de entelequia, Polo dice que en vez de acto actual es potencial, como todo lo que corresponde a la esencia. Su potencialidad reside en su inestabilidad: no es estable porque no es separada, tiene que ser causada, y para mantenerse hay que volverla a causar. Polo remite al tomo IV del Curso de teoría del conocimiento. La causalidad sólo puede atribuirse a lo tricausal, las sustancias vivas. La inestabilidad comporta reciprocidad, pues no se puede ser individuo siendo inestable. Los cuerpos vivos también son inestables: nacen, crecen, mueren. La inestabilidad es materia de potencialidad.
Capítulos: 5Autores comentados: Aristóteles
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Teoría aristotélica de los elementos (La esencia humana)
Polo recuerda que Aristóteles llama sustancia elemental a la ínfima, causada por lo celeste, el movimiento circular, que sólo se da en la esfera astral. Las cuatro sustancias elementales son tierra, fuego, aire y agua, y su transformación sustancial imita ese movimiento circular, formando un ciclo. Aristóteles lo explica por los lugares naturales, que tienen carácter final: aquello a lo que tiende a estar una sustancia. El fuego está más alto; el movimiento circular lo empuja, baja y, al perder su calor, se altera. Así se transmutan tierra, agua y aire, según los Meteoros. Polo lo juzga una explicación mecánica, un poco rudimentaria, antecedente remoto de la mecánica posterior. Concluye que las sustancias elementales no son estables y han de ser causadas por movimientos directos.
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Sustancias naturadas y naturaleza (La esencia humana)
Aristóteles suele colocar la potencialidad de las sustancias más altas en la naturaleza, de modo que sustancia y naturaleza son nociones afines. Una sustancia es natural cuando no es elemental. Las sustancias elementales no tienen naturaleza: Polo propone llamarlas naturadas, porque son causadas y nada más, no son causas, y su causa eficiente es extrínseca. Son las concausalidades mínimas. En las sustancias superiores, que sí tienen naturaleza, también hay potencialidad, pues son sustancia en cuanto principio de operaciones. La naturaleza es dynamis, y la dynamis kata fisis es un sentido estricto de naturaleza y de las facultades. La naturaleza es una tricausalidad cuya potencialidad es su concurrencia causal con la cuarta causa, la final. Polo cita Metafísica IX, cap. 8, sobre la anterioridad del acto.
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La causa final como unidad de orden (La esencia humana)
Según Polo, la causa final en sentido estrictamente aristotélico es la unidad de orden. No es sustancia alguna: Aristóteles dice taxativamente que el universo como tal no es una sustancia; tiene unidad, pero no sustancial. La unidad del universo no es ningún cuerpo, es el orden. Respecto a ella las tricausalidades son potenciales, porque tienen que ser ordenadas y son concausales con el fin. Pero la causa final también es potencial: la unidad de orden no se ordena a sí misma, sino que el cumplimiento del orden corre a cargo de los otros sentidos causales, es decir, de lo ordenado. En una ordenación que depende de lo ordenado hay carácter potencial. La unidad de orden es estrictamente concausa.
Capítulos: 5Autores comentados: Aristóteles
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Jerarquía de sustancia, naturaleza y esencia (La esencia humana)
Polo concluye que la esencia no es ni la sustancia ni la naturaleza: es la tetracausalidad, la unidad de orden según la cual son ordenadas las causas y las naturalezas. Lo ordenado son las sustancias elementales y las naturalezas. Esencia no es lo mismo que sustancia hilemórfica, ni que naturaleza, y la sustancia se encuentra en orden a la naturaleza; las sustancias hilemórficas son las elementales. Las nociones aristotélicas de sustancia, causa eficiente, movimiento, sustancias superiores e inferiores y causa final pueden tratarse desde la distinción real essentia-esse. La esencia del universo comprende lo sustancial, lo natural y lo esencial, en orden jerárquico: lo natural se subordina a lo esencial y lo sustancial a lo natural. Es una unidad de orden, no cerrada ni separada.
Capítulos: 5Autores comentados: Aristóteles
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Principio real de no contradicción como acto de ser del universo (La esencia humana)
Establecida la esencia del universo, Polo pasa al acto de ser del universo, que es un primer principio: el principio de no contradicción, entendido no lógicamente, sino realmente. Hay que indagar cómo se entiende como acto de ser, como principio real que trasciende a la causa eficiente y a las otras, que no son principios primeros. Existe una principialidad primera, de la que deriva la tetracausalidad. El principio de no contradicción es un sentido del acto de ser: el acto de ser no contradictorio. Polo lo estudió en El conocimiento habitual de los primeros principios y, sobre todo, en El ser I, publicado a finales de 1965, la primera vez en que se estudió como sentido del acto y se distingue de Dios. Las sustancias elementales las intenta estudiar la física cuántica, primero Einstein y después los físicos cuánticos.
Capítulos: 5Autores comentados: Einstein
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Esencia del universo como concausalidad (La esencia humana)
Polo recuerda lo visto sobre el universo: lo que se distingue realmente de un primer principio es una realidad causal, una pluralidad causal concurrente, que en su unidad se llama esencia, y esta unidad es la unidad de orden, la causa final. La esencia está constituida por principios que no son primeros y que, al no serlo, lo son entre sí. El estudio de la concausalidad es el estudio de la esencia distinta realmente del primer principio. Es complicado y muy largo, pues exige distinguir las bicausales de las tricausales y describir unos sentidos causales que cambian según las concausalidades, ya que lo son con respecto a otros. La causa final aporta la perfección del universo, que no es sólo actual sino también potencial.
Capítulos: 6Autores comentados: Aristóteles
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