Sentido subjetivo y objetivo del trabajo (La originalidad de la concepción cristiana de la existencia)
Polo ve en la distinción entre el sentido objetivo y el subjetivo del trabajo humano el eje de la encíclica Laborem exercens de Juan Pablo II. El trabajo objetivo es lo producido, el sentido subjetivo es el acto de trabajar y quien lo ejerce. Su tesis es que la primacía corresponde al sentido subjetivo, y que la razón es teleológica: el acto de trabajar está integrado por operaciones inmanentes y virtudes, de las que depende su eficacia, de modo que no es un proceso mecánico. Trabajando, el hombre se ennoblece o se envilece. El materialismo y el economismo invierten esa importancia relativa, porque el hombre solitario sólo se reconoce en sus obras. Polo recuerda también que interpretar el mundo como alienación convierte el trabajo en ataque violento, algo que no es la perspectiva bíblica.
Capítulos: 2, 3Autores comentados: Juan Pablo II, Marx
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El tener (La originalidad de la concepción cristiana de la existencia)
Polo propone leer a Aristóteles con más precisión: el hombre no es sin más el animal racional, sino el animal que tiene logos, y el verbo griego ekhein, tener, indica lo rigurosamente característico: una relación de tenencia con sus propias características y con el mundo. La piedra no tiene, el perro tampoco, y Dios no es un poseedor, sino el Ser puro, que está más allá del tener; el hombre, ser relacional e imperfecto, es capaz de apropiación. Esa diferencia no lo aísla: el tener descarta la soledad ontológica y la oposición dialéctica con el mundo, y presenta al hombre como habitante de un mundo con el que guarda analogías. Es también un indicio de cierta indigencia, pues lo tenido se puede perder. Por eso el que tiene es superior a lo tenido, pero no de modo absoluto.
Capítulos: 2Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino
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Niveles del tener (La originalidad de la concepción cristiana de la existencia)
La capacidad humana de tener se ejerce en tres niveles. El inferior es el corpóreo-práctico, el del hacer y el cuerpo: aquí está la economía, la técnica y el habitar. El intermedio es la operación inmanente, en la que no se posee una cosa externa, sino que lo poseído se mantiene en la operación misma: tengo lo pensado mientras pienso; la posesión es más intensa y su objeto es lo que Polo llama objeto, no cosa. El superior es la virtud, la perfección que la naturaleza humana tiene de modo intrínseco, en forma estable. Cuanto más intenso es un nivel, más subordina a los inferiores como medios; por eso la teoría es superior a la práctica, entendidos ambos como modos de poseer, y las operaciones inmanentes no son lo más íntimo ni lo más radical, sino que se abren hacia arriba y hacia abajo.
Capítulos: 2Autores comentados: Aristóteles
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Relación medio-fin (La originalidad de la concepción cristiana de la existencia)
Como los niveles del tener son más o menos intensos, el inferior queda subordinado al superior como medio, y el superior es fin del inferior. De ahí que el hombre sea el ser en el que se da la relación medio-fin: descubre medios porque tiene fines. Ejercerla es el primer significado de la libertad, ser dueño de la conducta práctica desde las operaciones inmanentes y de éstas desde las virtudes. Un corolario es que la economía, que pertenece al nivel de los medios, no es un orden necesario ni regido por leyes inexorables, porque la necesidad está en el fin y la de los medios es prestada; forzar los medios es esterilizarlos. Polo critica a Marx, para quien la antropología se mueve en el nivel de los medios, confundido con el de los fines, y rechaza la neutralidad teleológica de la actividad económica.
Capítulos: 2, 1Autores comentados: Aristóteles, Marx
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Plexo de medios y propiedad (La originalidad de la concepción cristiana de la existencia)
El hombre habita porque tiene: habitar viene de haber. Con las manos, el instrumento de los instrumentos, y con el lenguaje, crea un plexo de remitencias mediales, en el que el martillo remite al clavo, el clavo a la mesa y la mesa a la bandeja; los griegos llamaban khrémata a estas cosas, que se tienen en la mano. Ese mundo habitable es común, comprensible por muchos, y por eso la convivencia no es fortuita: la sociedad se basa en la comunicación. La propiedad privada queda justificada por la naturaleza humana, que es poseedora, pero eso mismo le pone límite: la propiedad privada absoluta es una contradicción, porque adscribir una parte del plexo rompiendo las conexiones totales degrada a todos. Por eso hay que educar para comprender el plexo, y las reformas sociales sin cuidado causan anemia funcional.
Capítulos: 2Autores comentados: Protágoras, Aristóteles, Heidegger, McLuhan
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Responsabilidad (La originalidad de la concepción cristiana de la existencia)
Como el mundo práctico es un plexo de conexiones, lo que se hace en un lugar se refleja en otros, y esas conexiones transmiten las consecuencias como hilos. De ahí nace la responsabilidad: poseer corpóreo-prácticamente hace imposible la irresponsabilidad. El irresponsable tira la piedra y esconde la mano, pero las consecuencias las sufre alguien. Muchas acciones se emprenden con vistas a objetos particulares, y ese recorte es una forma de irresponsabilidad: hay que atender a todo lo que los actos han puesto en marcha, no sólo a lo que los agentes juzgan útil para sí. Polo ejemplifica con la fábrica que contamina un río, que afecta a los pescadores. Más adelante la lleva al terreno de la virtud: reducir la valoración de los objetivos al resultado exterior es una irresponsabilidad grave.
Capítulos: 2
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Control de la tecnología (La originalidad de la concepción cristiana de la existencia)
El hombre es un ser técnico porque posee con su cuerpo, y el instrumento es una prolongación activable de su corporeidad, como el martillo lo es de la mano cerrada. Mientras esa prolongación está poseída por nuestra acción, dominamos el plexo. Pero si el instrumento se hace rebelde e impone su dinámica, la conducta va a remolque del artefacto y el hombre se convierte en esclavo de sus máquinas; entonces el homo faber pasa a ser un aprendiz de brujo y la técnica, adversaria. Polo insiste en que eso ya ocurre. El marxismo, que confunde medios y fines, es incapaz de afrontarlo y por eso acaba en el pesimismo de Adorno o Bloch. La responsabilidad primaria de la empresa es controlar la tecnología, no detenerla, y para ello hay que aceptar que la contemplación es superior a la acción.
Capítulos: 2Autores comentados: McLuhan, Adorno, Bloch, Marx
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Contemplación y producción (La originalidad de la concepción cristiana de la existencia)
Polo concluye que el fin de las actividades prácticas es el mejor ejercicio de las operaciones inmanentes: el hombre construye un mundo para conocer y amar mejor, y es homo faber porque es homo sapiens. La técnica no sería posible sin el pensamiento, y la contemplación es más importante que la producción. Galileo decía que la teoría es el capitán y la práctica el soldado. Esta idea, que viene de los griegos, la asumió la civilización cristiana hasta institucionalizarla en las universidades: Occidente es la única civilización que cultiva el saber como factor de su trayectoria, y por eso también es una gran civilización pragmática. Tenemos cada vez más tiempo libre, y si no se resuelve el problema de la finalidad práctica, ese tiempo se vuelve vacío y el mundo técnico, inhumano.
Capítulos: 2Autores comentados: Galileo, Aristóteles
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Virtud e hiperformalización (La originalidad de la concepción cristiana de la existencia)
Polo explica la virtud con un lenguaje cibernético: toda actividad produce un resultado exterior, R, pero también modifica el conjunto de variables que la ejerce, que pasa de C a C′; lo que importa es si R se subordina a C′ o al revés. En una fábrica de zapatos, R son los zapatos y C′ lo que les sucede a quienes los hacen. La virtud es esa mejora estable, una segunda naturaleza, y el vicio su empeoramiento, y por eso quien comete injusticia se hace malo, como decía Sócrates. Desentenderse de C′ y atender sólo a R es superficialidad. La virtud no es el mero aprendizaje, que no sobrepasa el nivel de los medios. Es hiperformalización: no un aumento de recursos, sino una innovación del principio de los actos que hace posible lo antes imposible.
Capítulos: 2Autores comentados: Sócrates, Aristóteles
Relacionados:Niveles del tenerResponsabilidadEsperanza y destinar
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Teandrismo y voluntad (La originalidad de la concepción cristiana de la existencia)
La virtud es la cumbre de la antropología griega y el cauce de la cristiana. Pero el cristianismo no es sólo humanismo ni primariamente deificación del hombre: lo primario es el Dios-Hombre, la Encarnación, o teandrismo, que sólo se explica porque Dios es Amor. Para los griegos la voluntad, órexis, es tendencia y deseo, y por tanto imperfección: se desea lo que no se posee, y la posesión es exclusivamente cognoscitiva. Un dios deseante sería una contradicción. Como dice Tomás de Aquino, los filósofos vislumbraron que Dios es Logos, pero ninguno que es Amor. La antropología cristiana descubre más allá del tener y del deseo el donar, que es dar sin perder y supera lo que los griegos entendían por télos: es la hiperteleología cristiana, expresada por San Agustín.
Capítulos: 2, 6Autores comentados: Tomás de Aquino, San Pablo, San Agustín
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Esperanza y destinar (La originalidad de la concepción cristiana de la existencia)
Si la definición griega del hombre queda sancionada y fundada por una instancia más radical, la persona, que es capaz de dar y cuya intimidad impide detenerse en el tener, la tercera pregunta de Kant, qué estoy autorizado a esperar, debe sustituirse por otra: qué significa la esperanza tal como la formula el cristianismo. Esperar no es aguardar un término, sino la tarea que dilata la libertad desde la intimidad personal. Polo introduce el destinar, ulterior al fin: el don necesita un destinatario que responda, porque sin correspondencia el amor no existe, como dice Tomás de Aquino. La esperanza busca la dignificación de todos, no es homeostática y se resume en no conformarse con los medios; su insatisfacción es no cansarse de dar. Una capacidad de amar solitaria sería la tragedia absoluta.
Capítulos: 2Autores comentados: Kant, Rilke, Tomás de Aquino
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