Ininteligibilidad del dolor (La persona humana y su crecimiento)
El primer rasgo del dolor es que no cabe idea de él: lo tenemos, lo sentimos y aguantamos, pero no podemos pensarlo, y ahí el intelecto agente no ilumina nada; es una grieta del pensar. No es un misterio por altura o complicación, sino ininteligible en absoluto, una realidad sin esencia. Por eso no es sustancia, porque duele y rompe la consistencia, ni accidente, pues no sobreviene como una propiedad, ni tiene un origen histórico, como muestran los mitos que lo intentan situar. No se puede preguntar directamente qué es, ni cultivarlo o amarlo; solo cabe huir de él, superarlo o curarlo. Hay que plantearlo de manera indirecta, preguntando por su condición humana de posibilidad: solo un ser tan hondo como el hombre puede dar razón de la sinrazón del dolor.
Capítulos: 8Autores comentados: Kant, Esquilo
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Actitud médica (La persona humana y su crecimiento)
La medicina es la ocupación humana dirigida a remediar el dolor, y para Polo no es principalmente un saber, sino una actitud: de él solo importa la curación, que es una categoría de dedicación y no mental. Es llamativo que el hombre tenga con el dolor una relación de pura destrucción. Esa actitud está justificada ante dolores concretos, que obedecen a causas contingentes, pero no puede generalizarse: curar el dolor como tal es una contradicción, pues su raíz es honda y está sustraída a la acción humana. Absolutizarla empobrece la vida, debilita las energías morales, vuelve mesiánica la lucha contra el malestar y llega a ver en el suicidio la solución natural de lo incurable. Distinto es el alivio exigido por amor a la persona anegada por el dolor, que busca sacarla de él.
Capítulos: 3, 8
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Hermenéutica del dolor (La persona humana y su crecimiento)
Polo examina cómo se ha dado al dolor un lugar dentro de una visión global de la vida. En la India, la conciencia de dolor es tan intensa que agosta todo lo demás y la conducta se vuelve método de evasión hacia un transmundo. En Grecia, la tragedia lo expresa como destino impersonal: despierta lo humano, pero lo deja en límite e impotencia. Job lo resuelve con la fe: el dolor no define su existencia porque Dios es más profundo que él mismo, aunque queda sin descifrar. En Heidegger y el sentido luterano, saberse arrojado y cargar con la propia esencia dolorosa conduce a la libertad ante la nada. En ninguna de ellas el dolor se comprende. La conclusión de este recorrido es que el dolor no es accidental ni sustancial, y exige hacer sitio a un doliente.
Capítulos: 8Autores comentados: Esquilo, Sófocles, Jaeger, Job, Heidegger, Lutero
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Quiebra de la actividad donal (La persona humana y su crecimiento)
La interpretación metafísica de Polo es que el dolor no es un acto ni una afección, sino un tercer elemento posible cuando el acto personal se quiebra: la actividad donal del ser personal, que ama y responde a la realidad, se agrieta, y por la grieta el mundo llega hondo y anega a la persona. No hay dolor sin doliente, porque solo es posible en la persona; ser doliente no es sentir un dolor, sino estar en una situación abierta a él, como una casa sin puertas. Por eso el dolor como tal es innominación y no respuesta, y el hombre no puede enfrentarse a él de frente. Solo el pecado, la quiebra del orden del amor, es el dolor como tal, aunque cabe dolor sin pecado personal: el dolor en el seno del amor. La existencia no se corrompe, sino que de ella depende.
Capítulos: 8Autores comentados: Platón
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Elevación (La persona humana y su crecimiento)
Antes de hablar de la elevación, Polo aclara qué es crear: Dios es independiente de la criatura, y su creación no se entiende como producción, sino como el Ser divino que hace ser; la criatura existe en Él y se corresponde con Él, no con una idea. La elevación es una irrupción de Dios en la criatura que la hace más que simple criatura sin convertirla en otra: la diferencia es Dios mismo. Es un nuevo nacimiento, no una metamorfosis, una invasión donal que descubre mi carácter de criatura. El Verbo es el camino, porque en Él ya vive mi desarrollo, y el Espíritu Santo no es medial. En la elevación Dios me dice con su Ser mi ser, y por eso mi ser no se limita a ser mío. De ahí que el constitutivo último de la existencia elevada sea la esperanza.
Capítulos: 8Autores comentados: Tomás de Aquino
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Dolor de Cristo (La persona humana y su crecimiento)
En Cristo el dolor es inteligible y nombrable: no es una grieta de la actividad personal, porque en Él no hay persona humana, y Él lo quiso. Su humanidad es humillación expresiva del Padre, y por eso su dolor auténtico es revelación; es el Misterio de la Cruz. Sin ese sufrimiento el dolor no habría significado nunca nada, porque en Dios no hay dolor, y el hombre habría quedado solo ante un muro. Cristo murió porque quiso, no bajó de la cruz y asumió en su vida divina lo que los hombres querían aniquilar. Pero no vino a resolver el problema del dolor, sino a hacer posible el don del Espíritu Santo, que forma a Cristo en nosotros. El dolor del cristiano se abre a la esperanza, deja de ser situación y pasa a ser tarea: com-pasión con Cristo.
Capítulos: 8Autores comentados: San Pablo, Juan Pablo II, Hildebrand
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Alegría cristiana (La persona humana y su crecimiento)
En la dimensión práctica, el primer deber ante el dolor es la lucidez: discernir cuándo entregarse a él y cuándo conservar la calma. Hay que evitar el pesimismo, el miedo al sufrimiento, el estoicismo defensivo y, sobre todo, la tristeza, una reacción psicológica que se ha infiltrado en el cristianismo con apariencia de piedad. La alegría cristiana, en cambio, no es un estado de ánimo eufórico, sino un estado del ser: se funda en la misericordia de Dios manifestada en Cristo y no se pierde con la enfermedad o la fortuna. Esto no significa insensibilidad. La fortaleza exige suprimir la sensiblería y el egoísmo, pero conserva una aflicción sincera, nostalgia de la armonía del paraíso. El cristiano sufre también por el dolor ajeno y por la solidaridad con la Iglesia y con todos los hombres.
Capítulos: 7, 8Autores comentados: Hildebrand, San Pablo
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Dolor como tarea (La persona humana y su crecimiento)
Con la gracia, lo primero que ocurre en el cristiano ante el dolor es un renacimiento: se reabre su ser integral, que el dolor tenía obturado, y el dolor deja de ser límite y quiebra para colocarse dentro de una integridad restaurada. Ya no es situación, sino empresa y tarea durante toda la vida cristiana; el arrepentimiento es la actitud del hombre frente al pecado, algo que el hombre caído no podía adoptar. Polo describe un proceso de purificación pasiva en el que el Espíritu Santo va quemando las parcelas dispersas del ser, hasta llegar a la desnudez personal y a una esperanza madura. Es un sentido místico, transpsicológico, que ningún subjetivismo puede descifrar, pues supone la muerte mística de todo yo particularizable. De ahí que el dolor refute la filosofía egocéntrica que arranca de Kant.
Capítulos: 8Autores comentados: Kant, San Pablo, Nietzsche
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Creación (La persona humana y su crecimiento)
Polo plantea la creación desde la independencia divina: Dios no se determina respecto de la criatura, y por eso no es ni libre ni no libre de crear, y su acción no se entiende como producción ni moldeamiento. La criatura no funda necesidad alguna en Dios, y la demostración de su existencia no pasa por una conclusión lógica, sino por el hecho de que la criatura necesita una explicación que es todo el Ser divino. Dios no crea más que siendo: hace ser, da el ser. La criatura existe en Él y se corresponde con Él en el orden de la existencia, no en el de las ideas; por eso se dice que Dios es causa y no solo modelo. Por revelación sabemos que la creación se hace en el Verbo: en el decir de ese Verbo al Padre se hace todo.
Capítulos: 8Autores comentados: Tomás de Aquino
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Espíritu Santo (La persona humana y su crecimiento)
Para Polo, Cristo vino a hacer posible el don del Espíritu Santo, que da la filiación y la posibilidad de decir Abba. No se trata de que el hombre tienda a Cristo o de que su sustancia se remodele en otro Cristo, sino de que Cristo viene, nace y se implanta en él: lo forma el Espíritu, como lo formó en María. Por eso Cristo es mi Amante, no un objeto amado, y yo soy una respuesta existencial. El Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo, hace que yo para Cristo no sea un objeto, y no es medial. Sin Él, mis actos no tienden un puente hasta Dios; por eso la esperanza no es consecutiva a los actos, sino su ser mismo. Solo el Espíritu escudriña la profundidad de Dios y hace penetrar al hombre en ella.
Capítulos: 8, 5Autores comentados: San Pablo
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Pecado (La persona humana y su crecimiento)
En la interpretación de Polo, solo el pecado, la quiebra del orden del amor, es el dolor como tal, se sienta o no: las cosas son dolor en el pecado, es decir, en la incomprensión radical por quiebra del amor. Pero el dolor no depende necesariamente del pecado personal, pues cabe dolor en el seno del amor. La diferencia entre el hombre antes de la caída y después de ella está presente en él como dolor, que es su falta real: más allá de él está la realidad íntegra. Para el hombre caído, el pecado es insuperable de suyo y se soporta como una herida en el flanco; la gracia da un terreno firme desde el que mirar de frente el pecado, y el arrepentimiento es esa actitud. Por eso el cristiano no soporta el pecado ni el dolor, sino que es activo respecto de ellos.
Capítulos: 8, 2, 4Autores comentados: San Pablo
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