Alma sensitiva (Lecciones de psicología clásica)
Los pinos no dan motivo para pensar que ven, oyen o sienten; los canguros sí. Por eso se establecen dos tipos de almas: la vegetativa y la sensitiva. Animal es el viviente que conoce, que tiene sensaciones, y tiene carácter sustancial. Su alma es forma sustancial, como la del vegetal, y solo eso: lo que subsiste es el viviente corpóreo entero, del que el alma es principio remoto de las operaciones y acto primero de su organización. Por eso depende radicalmente del cuerpo y no tiene más que potencias orgánicas, se educe de la materia y no puede subsistir si se destruye el compuesto: el alma del animal no es inmortal. Polo observa que no es del todo seguro que exista algún viviente corpóreo desprovisto de sensación, aunque la de la lombriz no sea la del perro y las funciones vegetativas no sean cognoscitivas.
Capítulos: 8Autores comentados: Tomás de Aquino, Aristóteles
Relacionados:Facultades cognoscitivas, apetitivas y locomotrizConocimiento como posesión inmaterial de formas
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Facultades cognoscitivas, apetitivas y locomotriz (Lecciones de psicología clásica)
Las facultades del viviente sensitivo son de tres tipos. Las cognoscitivas: sentir es conocer, y la vista es una facultad, el oído otra, que se diferencian porque las operaciones se especifican por su objeto. Las apetitivas, que establecen la conducta según la situación íntima subsiguiente a las cognoscitivas: sentir no es solo informarse, sino punto de partida de una tendencia, y un animal que siente tiene una actitud y reacciona. Y la locomotriz, sugerida por Aristóteles y descuidada por los psicólogos, incluso escolásticos: la automoción local no se asimila a la sensación ni a la tendencia, pues no es lo mismo tener ira que pegar un zarpazo. Es un movimiento vital, orgánico y articulado, no cinético, que se adapta a la forma conocida. Con todo, el sujeto de todas las operaciones es la unidad del viviente, y hablar de sensaciones, tendencias o movimientos por separado es una mera abstracción.
Capítulos: 8Autores comentados: Aristóteles
Relacionados:Alma sensitivaConocimiento como posesión inmaterial de formas
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Conocimiento como posesión inmaterial de formas (Lecciones de psicología clásica)
Con la precisión aristotélica, Polo define el conocimiento como la posesión inmaterial de una forma. Hay una primera manera de poseer formas, propia de la materia, principio in quo y ex quo: la posesión natural o material. El conocimiento no es de ese tipo, sino de otro irreductible a él, aquel en que el sujeto no es la materia. Esa nota negativa, la inmaterialidad, se comprende con el conocimiento y nada más: es otro orden, distinto como el sí y el no, y por eso la nota primaria del conocer es la inmaterialidad. Esta posesión se llama también objetiva e intencional, referida al esse intentionale. Objeto, ob-iectum, es lo puesto delante: poseer sin estar pegado, destacado, liberado, de modo representativo o presentativo. Solo hay objeto en tanto que conocido, y ese en no es el in quo de la materia.
Capítulos: 8, 9Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino
Relacionados:Formas ajenas y conocer como hacerse otroUnidad en acto de cognoscente y conocido
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Formas ajenas y conocer como hacerse otro (Lecciones de psicología clásica)
Polo extrae una conclusión de la posesión objetiva: en ella pueden estar formas naturalmente ajenas al cognoscente. Naturalmente solo se poseen las formas propias, poseídas materialmente; inmaterialmente se poseen formas que materialmente son de otro. La materia solo puede poseer su propia forma, y la forma que posee materialmente otro no la poseo yo: ahí aparece el hecho de la individuación. En el conocimiento, en cambio, la individuación ya no rige: el que conoce posee las formas de los otros, no materialmente, sino inmaterialmente. De ahí otra definición con interés: el conocimiento es hacerse otro. En él confluyen la posesión inmaterial y la forma de otro, lo que resulta a primera vista paradójico, pues es una posesión muy perfecta referida a la forma ajena. Por eso la posesión es un posesionarse: primitivamente la forma no era del que conoce, y debe haber un modo de atrapar esa forma.
Capítulos: 8Autores comentados: Aristóteles
Relacionados:Conocimiento como posesión inmaterial de formasIrreflexividad del conocimiento del viviente corpóreo
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Unidad en acto de cognoscente y conocido (Lecciones de psicología clásica)
El conocimiento es acción inmanente, a diferencia de la transitiva: la transeúnte tiene un término que actualiza una potencia distinta de la actividad ejercida, mientras que en el conocer se actualiza una potencia que no es distinta de la actividad. Los escolásticos, como Aristóteles, dicen que el cognoscente en acto y lo conocido en acto son uno en acto. No basta que haya objeto en acto: ha de estar en acto también el poseedor del objeto. Cuando contemplamos un objeto no tenemos solo objeto, sino también el acto del cognoscente; son dos en uno, dos actualidades unificadas. Polo advierte que no es una complicación escolástica prescindible: olvidarlo vuelve el conocimiento una realidad inexplicable. De ahí dos problemas correlativos: de dónde viene el objeto actualizado y de dónde el conocimiento actualizado. Y sobre Platón: llevar las ideas al cielo no las desmaterializa.
Capítulos: 9Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino, Platón
Relacionados:Conocimiento como posesión inmaterial de formasEspecie impresa y facultad que pasa al acto
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Irreflexividad del conocimiento del viviente corpóreo (Lecciones de psicología clásica)
Una forma poseída materialmente no puede ser poseída inmaterialmente en el mismo sentido por el mismo sujeto. Por eso el viviente corpóreo no puede conocer sus propias formas naturales: el compuesto de forma y materia no es cognoscente, y la objetividad es siempre otra que la forma del cognoscente. La primera característica del conocimiento de un viviente corpóreo es, pues, su irreflexividad: el conocimiento sensitivo no es reflexivo. Polo no dice que todo conocimiento sea irreflexivo. Conocerse a sí mismo exige que el ser natural del cognoscente sea también inmaterial, y entonces ya nos salimos del viviente corpóreo, hacia las sustancias inmateriales. El conocimiento es conocimiento de sí mismo cuando hay inmaterialidad por parte del objeto y por parte del sujeto; cuando solo la hay por parte del objeto, es siempre conocimiento de otra cosa. Mientras estemos en el orden de lo corpóreo, no hay autoconocimiento.
Capítulos: 9Autores comentados: Aristóteles
Relacionados:Formas ajenas y conocer como hacerse otroEspecie impresa y facultad que pasa al acto
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Especie impresa y facultad que pasa al acto (Lecciones de psicología clásica)
Si el cognoscente es corpóreo, la forma ajena debe llegar a él antes de ser conocida: es la especie impresa, la forma de lo conocido que está en el cognoscente antes de ser conocida. Como es ajena, tiene que impresionar, comunicarse; pero que esté en el viviente orgánico no equivale a que la conozca, porque conocer no significa que le sea dada, sino que él mismo se la da, la objetiva. El paso de potencia a acto es una operación, y una operación implica una capacidad de operar: en el conocimiento de un viviente corpóreo hay, por una parte, especie impresa y, por otra, una facultad que pasa al acto. El objeto conocido no informa al conocimiento en acto, sino que se identifica con él; la especie impresa sí informa, y respecto de ella la facultad se comporta como materia.
Capítulos: 9, 10Autores comentados: Tomás de Aquino
Relacionados:Unidad en acto de cognoscente y conocidoEspecie expresaSobrante formal de la facultad
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Especie expresa (Lecciones de psicología clásica)
La especie expresa, término de los tomistas posteriores y no de Tomás, es una forma que no está en el orden natural de la facultad, sino en el de la identidad en acto entre conocimiento y conocido, para que la operación coincida con el objeto. En los sentidos externos la presencia del objeto está asegurada por su realidad física; en otros casos debe ponerla el mismo conocimiento, porque no está asegurada. Así en la imaginación, donde la imagen o fantasma no tiene más presencia que la que el conocimiento le da, y en la memoria, donde lo recordado puede haberse destruido. La especie expresa solo es objetiva en sentido instrumental, como medio para la identificación con el objeto; nunca se conoce, y los escolásticos hablan de una mediación silenciosa. Lo que se conoce siempre es el objeto. Es una noción puramente teórica.
Capítulos: 9Autores comentados: Tomás de Aquino, tomistas posteriores
Relacionados:Especie impresa y facultad que pasa al actoSobrante formal de la facultad
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Sobrante formal de la facultad (Lecciones de psicología clásica)
Los sentidos son facultades orgánicas, con un aspecto material y otro formal: la facultad es la forma de un órgano. Hay formas que se agotan en informar, como la de la estatua, y están totalmente materializadas; la facultad, en cambio, informa su órgano sin agotarse y conserva un sobrante formal, una relativa independencia, una relativa inmaterialidad. Gracias a ella, cuando la especie impresa inmuta el órgano, la facultad sigue informándolo y puede objetivar esa modificación. Aparece así una relación forma-forma, que es el conocimiento en acto, y no forma-materia. Esa independencia no es objetivable directamente, y por eso no hay reflexividad; antes de la especie impresa no informa nada y hay que entenderla como indeterminación. La especie impresa determina la materia del órgano, no su forma, y ambas quedan en situación co-actual. A esto Polo lo llama un análisis trascendental de la facultad.
Capítulos: 9, 10Autores comentados: Aristóteles
Relacionados:Especie impresa y facultad que pasa al actoColoridad e indeterminación formal
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Coloridad e indeterminación formal (Lecciones de psicología clásica)
Con el ejemplo de la vista, Polo pregunta qué ve la vista y responde: colores. Pero hablando con propiedad el objeto formal de la vista no es el color, sino la coloridad, que no se puede ver: es el aspecto formal indeterminado de la facultad, la facultad de ver en tanto que indeterminada, un grado de indeterminación formal. Vemos el verde o el rojo, el color determinado; el color como tal no es ninguna especie impresa ni ningún objeto. Con otro grado de independencia respecto del órgano no tendríamos la facultad de ver, sino la de oír u otra. El color es simplemente una correlación entre dos formas. Rige que todo lo que se recibe se recibe según el modo del que lo recibe: con mayor inmaterialidad no se verían colores, y si fuera absoluta, como la de nuestra inteligencia, se pensarían conceptos.
Capítulos: 9Autores comentados: Tomás de Aquino, Aristóteles
Relacionados:Sobrante formal de la facultadEspecie impresa y facultad que pasa al acto
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Grados de objetivación e inmaterialidad (Lecciones de psicología clásica)
Polo sostiene que todo lo que se recibe se recibe según el modo del recipiente, y ese modo es la formalidad misma de la facultad: la objetivación está conmensurada con su indeterminación formal, que es un grado de inmaterialidad, aunque no reflexiva. Hay, pues, grados de objetivación estrictamente correlativos con el grado de inmaterialidad. Una facultad estrictamente inmaterial, que no informase a ningún órgano, desmaterializaría por completo: es el caso de la inteligencia, donde conocer significa abstraer. En los sentidos, la inmaterialización no puede ser pura. Por eso toda distinción entre facultades cognoscitivas es jerárquica, gradual. Si a la vista se le disminuyera el grado de indeterminación formal sería otra facultad, como el oído; si el olfato lo aumentara, sería vista. Así, conocer es siempre, de modo impropio, cierto tipo de abstracción, y hay solidaridad entre la abstracción intelectual y los niveles de la objetividad sensible.
Capítulos: 10Autores comentados: Tomás de Aquino, Kant
Relacionados:Sentidos intragenéricos y objetos sensiblesSentidos externos inferiores y superiores
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Sentidos intragenéricos y objetos sensibles (Lecciones de psicología clásica)
Polo previene contra dos errores: que el conocimiento sensitivo cree su propio objeto, o que el color sea una mera modificación subjetiva. Los grados de objetivación son noticias, y los objetos sensibles son efectivamente válidos, no meramente subjetivos, sino objetivos. Pero, en tanto que objetos, no son noticias del ser, porque su noticia no tiene el aspecto estrictamente inmaterial que haría falta. De ahí que, según la teoría escolástica del objeto de la sensibilidad, los sentidos conozcan siempre objetos concretos y no lleguen al universal. Son intragenéricos: representan el grado de vitalidad intragenérica, comparable a la generación, la más alta operación vegetativa, que era intraespecífica. La sensibilidad permite al viviente llegar a cualquier otro cuerpo y establecer inmanentemente una relación con él, porque ambos pertenecen a un género común. El conocimiento del ser, en cambio, es trascendental, superior a cualquier género.
Capítulos: 10Autores comentados: Tomás de Aquino
Relacionados:Grados de objetivación e inmaterialidadSensibles propios
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Integracionismo y asociacionismo (Lecciones de psicología clásica)
Sobre la unidad de la sensibilidad hay dos hipótesis. Una dice que la sensibilidad es primariamente unitaria y que las facultades sensibles son una diferenciación posterior de esa única sensibilidad: una especie de integracionismo. La contraria sostiene que existen tipos diferentes de sensibilidad y que si hay alguna unidad es secundaria, mera asociación o coexistencia entre los objetos sensibles: un mero asociacionismo. Polo subraya que no es una disquisición teórica, porque en nosotros se dan correlaciones que pueden interpretarse de un modo o de otro: unir lo que da el tacto con lo que da la vista, conservarlo en la memoria y sentirlo conveniente o disconveniente. Según se adopte una u otra hipótesis, resultan consecuencias muy diversas para la experiencia. La doctrina escolástica responde con la distinción entre sentidos externos e internos, y las facultades son plurales solo en tanto que graduales.
Capítulos: 10, 12Autores comentados: Aristóteles
Relacionados:Sentidos externos e internosUnidad de la sensibilidad y subjetivación del sentir
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Sentidos externos e internos (Lecciones de psicología clásica)
Los escolásticos distinguen dos grandes grados de sensibilidad, externa e interna, y cada uno es un grupo de facultades. La externa admite cinco: vista, la más alta, oído, olfato, gusto y tacto; si el tacto es una facultad o un grupo, con sensaciones como el frío o la resistencia, tiene poca importancia. La interna son cuatro: cogitativa, llamada estimativa en los animales, memoria, imaginación y sensorio común. Que sean cuatro sí es importante, y probablemente no se pueda encontrar ninguno más. Es la enumeración completa de Santo Tomás: Aristóteles no descubrió las cuatro, y la cogitativa es obra sobre todo suya, con antecedentes como Averroes. En el animal la estimativa es el grado superior de la sensibilidad y, por tanto, de conocimiento, que ahí se acaba; en el hombre la cogitativa es el grado superior de la sensibilidad, pero por encima está la inteligencia.
Capítulos: 10Autores comentados: Tomás de Aquino, Aristóteles, Averroes
Relacionados:Integracionismo y asociacionismoCriterio de distinción entre sensibilidad interna y externa
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Criterio de distinción entre sensibilidad interna y externa (Lecciones de psicología clásica)
Polo advierte que la sensibilidad interna no es la que informa de nuestro interior, como el hambre: da igual que el ruido sea exterior o del corazón. La externa tiene por objeto lo externo y su especie impresa viene del medio; la interna tiene un objeto interno a la sensibilidad, no al cuerpo, y su especie impresa no viene directamente del medio. Como la sensación nunca es reflexiva, ningún sentido siente su propio acto, pero ese acto puede ser sentido en un nivel superior: los actos de los sentidos externos son la especie impresa de la sensibilidad interna. Cuando veo, en el plano de la vista el objeto es el color; el ojo ve el color, pero no siente que lo ve. En el sensorio común siento que veo, y su objeto es el acto de la sensación externa.
Capítulos: 10, 12Autores comentados: Aristóteles
Relacionados:Sentidos externos e internosUnidad de la sensibilidad y subjetivación del sentir
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Sentidos externos inferiores y superiores (Lecciones de psicología clásica)
Dentro de la sensibilidad externa, los escolásticos distinguen sentidos inferiores y superiores. En los inferiores la objetividad es menos pura, menos exenta: el objeto se capta como algo que afecta al sentiente, en tanto que impresiona y sin poder destacarse de ello, por estricto contacto. El tipo puro es el tacto. Los superiores, vista y oído, no aluden en su objetivación a la impresión: el objeto está destacado, se oye a distancia y se ve en la distancia. Tienen que ser afectados y necesitan especie impresa, pero eso no forma parte de su objetivación. Distanciar es señal de que la objetivación no connota inmutación, y es un grado superior de objetividad externa. Polo pide que se muestre que la vista es superior al tacto, y que no se trate de una división horizontal de tipos de sensibles, sino jerárquica, por intensidad.
Capítulos: 11, 12Autores comentados: Tomás de Aquino
Relacionados:Grados de objetivación e inmaterialidadJerarquía de los sentidos externos y vista supertáctil
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Sensibles propios (Lecciones de psicología clásica)
Los escolásticos distinguen entre los objetos sentidos los sensibles propios y los comunes. Sensible propio es aquello que es sentido por uno de los sentidos y no puede serlo por otro: el color, el sonido o el olor. Según Santo Tomás en su comentario al De anima, en estos sensibles no cabe el error: la adaequatio, la coincidencia, la mismidad en acto, se produce siempre. Solo puede fallar si existe una perturbación grave en el órgano, porque entonces la especie impresa informa defectuosamente el órgano y la facultad no puede adecuarse bien; pero ese error es completamente accidental, nisi per accidens. De suyo, y supuesta la normalidad en la constitución orgánica, el error no se produce. Polo advierte que esta diferencia, como muchas en filosofía, oculta un profundo sentido, y que a veces la propia terminología escolástica hace resbalar sobre observaciones genuinas.
Capítulos: 11, 12Autores comentados: Tomás de Aquino
Relacionados:Sensibles comunesSentidos intragenéricos y objetos sensibles
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Sensibles comunes (Lecciones de psicología clásica)
Los sensibles comunes son aquellos objetos que se conocen en la sensación externa, pero nunca por solo uno de los sentidos, sino por varios. Según Aristóteles son cinco: el movimiento, la quietud o reposo, el número, la figura y la magnitud. Polo aclara que esto no significa que exista un sentido cuya objetivación sea la reunión o coordinación de todos, pues eso sería la percepción, y la percepción, la reunión objetiva, es función de la sensibilidad interna. En la sensibilidad externa no hay integración objetiva: son comunes porque son sentidos por todos. Por eso se sienten de distinta manera en conexión con cada sensible propio. Una cosa es la sensación de figura o de magnitud a través del tacto, otra a través del sonido y otra a través de la vista; y lo mismo pasa con la quietud, el movimiento y el número.
Capítulos: 11Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino
Relacionados:Sensibles propiosSensibles comunes en Aristóteles y en Tomás
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Sensibles comunes en Aristóteles y en Tomás (Lecciones de psicología clásica)
Respecto de los sensibles comunes, Santo Tomás se aparta de Aristóteles, y Polo juzga sobremanera importante el sentido de esa divergencia. Aristóteles dice que el más importante es el movimiento: la quietud, el número, la figura y la magnitud se sienten desde el punto de vista del movimiento. Santo Tomás dice que lo que domina a los sensibles comunes, lo común de lo común, es la cantidad, y que el movimiento se siente como sensible común desde la cantidad o, con una terminología que no es suya, desde el espacio. Aristóteles concede prioridad al tiempo, y Santo Tomás al espacio. En el plano de la sensibilidad externa habría, pues, una diversidad de sentidos del tiempo o del espacio, y el sensorio común, como integración que presupone un aprendizaje, los integrará. En cuanto al espacio, Polo prefiere el punto de vista de Santo Tomás.
Capítulos: 11Autores comentados: Aristóteles, Tomás de Aquino
Relacionados:Sensibles comunesEspacio del tacto y espacio de la vista
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Espacio del tacto y espacio de la vista (Lecciones de psicología clásica)
Para Polo el espacio es un sensible común donde la indeterminación se da muy claramente, pues puede vaciarse de todas las demás notas. Comparando su modalización, en el tacto el espacio se percibe por abarcamientos, y el órgano privilegiado es la mano, que abarca; en la vista no se abarca, queda expuesto y, al quedar expuesto, ilimitado. Si prescindiéramos de la integración de la sensibilidad interna, como en un niño de seis meses, veríamos que ambos espacios no son homogéneos, y que los articulamos espontáneamente por aprendizaje. El espacio del tacto es más concreto, menos objetivo y más «existencial»: es la realidad del espacio; el de la vista es la apariencia del espacio. La paradoja se resuelve así: el espacio es tanto más espacio cuanto menos real, pues al concretarse pierde sus virtualidades; con solo tacto jamás se nos destacaría el espacio.
Capítulos: 11Autores comentados: Tomás de Aquino
Relacionados:Sensibles comunes en Aristóteles y en TomásConducta animal y espacio expuesto
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Conducta animal y espacio expuesto (Lecciones de psicología clásica)
Polo recuerda los tres tipos de facultades de la vida sensitiva: la sensación, que es lo cognoscitivo, la tendencia, vida hacia afuera, y la locomoción, que es conducta. Se pregunta cómo es la conducta de un animal que solo tuviera tacto: discontinua, inmerso en un espacio que no tiene destacado objetivamente, sin valor sistemático en su representación, y lo mismo vale para su temporalidad. Cuanto más abstraídos y aparentes son espacio y tiempo, menos directamente existenciales, más funcionan como telón de fondo en que se trenza la vida del animal, y menos depende del aquí y el ahora. Ejemplo: la garrapata espera inmóvil, huele a la oveja, se suelta por reflejo, al sentir calor se agarra y chupa la sangre, y al saciarse cae. No ve: si viera tendría un espacio expuesto y una esfera más amplia en que inscribir sus conductas. Lo mismo la araña.
Capítulos: 11Autores comentados: Aristóteles
Relacionados:Espacio del tacto y espacio de la vistaUnidad de la sensibilidad y subjetivación del sentir
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Unidad de la sensibilidad y subjetivación del sentir (Lecciones de psicología clásica)
Según Polo, Aristóteles no admite una sensibilidad indiferenciada raíz de las sensaciones, que sería gaseosa y no desde las facultades, ni una mera asociación de objetos previos, que contradice el carácter unitario de la vida. La unidad de la vida sensitiva no está en un objeto genérico más amplio ni en la homogeneidad, sino en el grado de altura, de intensidad de la vida: hay que fijarse en el acto de sentir, y cuanto más se sienta el acto de sentir, más unidad. Una mayor integración del objeto exige una correspondencia subjetiva más íntima: tanta objetividad cuanto más subjetividad, porque lo conocido en acto está conmensurado con el conocimiento en acto. Los sentidos internos, que sienten el acto de los externos, subjetivan la sensación: lo que sienten es más íntimo, pero no independiente, pues era implícito en la sensación externa. Olvidarlo desvitaliza el conocimiento, porque sentir es vivir.
Capítulos: 12Autores comentados: Aristóteles
Relacionados:Integracionismo y asociacionismoCriterio de distinción entre sensibilidad interna y externa
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Jerarquía de los sentidos externos y vista supertáctil (Lecciones de psicología clásica)
Entre los sentidos externos no sirve el criterio que distingue internos y externos, pues todos son externos. Los escolásticos distinguen superiores, vista y oído, e inferiores, olfato, gusto y tacto. Los inferiores captan el objeto como algo que afecta físicamente al sentiente, sin poderlo destacar de su impresión, y exigen contacto; los superiores lo captan sin afección física, lo que permite establecer distancias. Polo añade lo que los escolásticos no dicen: si la diferencia es gradual y no una mera distinción en el mismo plano, el superior debe conservar lo del inferior y ser capaz de más. Pregunta, pues, en qué sentido la vista es no solo distinta de lo táctil, sino supertáctil. Si no, la vista no procedería del tacto por la causa material ni lo mandaría por la causa final, y la teoría escolástica de las facultades, que proceden del alma como en cascada, se vendría abajo.
Capítulos: 12Autores comentados: Tomás de Aquino, Aristóteles
Relacionados:Sentidos externos inferiores y superioresUnidad de la sensibilidad y subjetivación del sentir
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