LA FILOSOFÍA EN SU HISTORIA (J.F. SELLÉS)

2. El mito

2.1. Origen. Es un saber posterior a la magia y anterior a la filosofía. Lo natural al hombre es pasar del saber mítico al filosófico, porque éste es más saber, no a la inversa, como acaece en la actualidad (pues los modos de saber actuales ponen – como el mito– el fundamento en el pasado). Las grandes culturas antiguas de las diversas latitudes son míticas (china, sumeria, egipcia, pigmea, precolombinas como la araucana, incaica…), y mucho después aparece en ellas la filosofía.

2.2. Descripción. El mito es una modalidad sapiencial práctica que pone el fundamento en el pasado y declara que el destino humano se caracteriza por una vida fantasmagórica. De acuerdo con lo primero, lo importante ya pasó, lo que sucede ahora es pura consecuencia desvaída de aquello que sucedió. De acuerdo con los segundo, lo que vendrá ‘post mortem’ pertenece al ‘reino de las sombras’ (Hades). Es saber práctico, no teórico, porque con él se busca dotar de explicación, no a la vida humana, sino a sus eventos.

El mito dice verdad acerca de que la situación originaria natural del hombre era superior a la actual y, además, admite la inmortalidad humana ‘post mortem’. En cambio, yerra en que la vida actual sea necesariamente inferior a la original, y también respecto del valor que concede a la vida posthistórica.

El mito es una visión pesimista de la vida humana (se ve claro, por ejemplo, en los mitos de Platón y de Plutarco). Repárese en que el cristianismo afirma que, pese a la herida que la naturaleza humana tiene como herencia del pecado original, en la situación actual el hombre puede ser elevado más aún que lo fue en la situación originaria (a eso responden las virtudes teologales), y que la gloria que puede alcanzar ‘post mortem’ será más excelsa: ‘ni ojo vio, ni oído oyó…’.

El mito explica la situa­ción del hombre en el mundo a partir de una carencia debida en su origen. En él el hombre estaba desamparado; por eso hizo algo para sobrevivir. El mito no trata de recuperar el origen porque sabe que no puede, sino que trata de mantener lo que quedó tras un acontecimiento acaecido tras el origen. La actual visión determinista de la libertad humana (por negarla, reducirla a lo biológico, a las coordenadas espacio-temporales, históricas o a las circunstancias, o por el motivo que sea) y el agnosticismo imperante en torno al destino humano son una concepción mítica de la vida, cuya negatividad es palmaria.

2.3. Medio. Si la clave de la realidad actual está en su inicio, para el mito el mejor modo de conocer es el recuerdo (más que memoria intelectual, se trata de la memoria sensible vinculada con la imaginación que fabula leyendas, por eso el hombre mítico suele ser más imaginativo que racional). Por ello el mito se expone narrativamente por parte de una generación a la siguiente.

Son opiniones míticas, por ejemplo: el decir ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’. El suponer que el alma preexiste al cuerpo. El afirmar que el hombre carece de destino o que éste es necesario (ananké, fatum). El admitir, como Nietzsche, que el tiempo sea cíclico (recuérdese que él recurre al mito de Dionisos). Pensar que la libertad es ‘libertad de’ y no ‘libertad para’. La hipótesis de la ciencia de intentar explicar la realidad física por el recurso a las condiciones iniciales (Newton). Intentar explicar al hombre sólo por el recurso a la paleontología. Sostener como Lutero, que la naturaleza humana está enteramente corrupta desde el inicio y que haga lo que haga el hombre peca.

Son actitudes míticas, por ejemplo: el obcecarse en el yo o personalidad conseguida por no querer ser la persona que se está llamada a ser. La falta de optimismo y la pérdida de la esperanza (la desesperación de que hablaba Kierkegaard). El dejarse llevar en la vida más por lo que a uno le ha pasado que por el futuro. El aferrarse a las tradiciones (tradicionalismo) por motivos de raza, lugar o cultura para explicar la realidad social actual.

La clave del mito radica en que es un saber que guarda memoria del pecado original. Quien más se ha opuesto a la mentalidad mítica es el cristianismo, no sólo porque perdona el pecado, sino porque en él prima lo ‘santo’, y esto será lo ‘último’, donde serán nuevas todas las cosas. Que el cristianismo sostenga que el alma es creada directamente por Dios y que ésta vivifica al cuerpo ahora, es sostener una explicación ‘actual’ del hombre, no mítica (recurriendo al cuerpo de los prehomínidos) y como sostiene que el alma seguirá vivificando al cuerpo tras la resurrección, más que actual es una explicación ‘abierta al futuro’.

2.4. Distinciones. En cuanto a semejanzas y distinciones entre el mito, la magia, la filosofía y la revelación, cabe decir:

  1. a) Con la magia. El mito se parece en que trata de eventos, pero se distingue de ella en que el mito no pretende ningún dominio práctico sobre los sucesos, sino que es un saber que da cierta explicación práctica de los eventos.

El lenguaje de la magia y del mito pueden parecerse al de las ideologías. Con todo, hay ideologías (ej. el marxismo) que son futurologías. En cambio, el mito siempre mira hacia el pasado.

a.1) Hay ideologías pasadas que son míticas. Así, el evolucionismo que hace derivar y explicar todo lo humano actual por la base somática de homínidos y prehomínidos precedentes. También el nacismo, el racismo, y todos los nacionalismos que han puesto la clave de lo humano en una raza, en los ancestros, en el lenguaje y costumbres tradicionales, son míticos. Asimismo los romanticismos han sido míticos.

a.2) Hay ideologías actuales que son míticas. Así, el biologiscismo actual, que hace derivar toda explicación de lo humano en lo encuadrado ‘a nativitate’ en el código genético. También los caracteres románticos suelen ser míticos. El recurso a centrarse en lo aprendido y hecho es mítico.

  1. b) Con la filosofía. El mito se parece a la filosofía en que ambos buscan el fundamento de lo real, pero se distinguen en que el mito busca cuál fue el principio, mientras que la filosofía busca cual es. Además, el mito defiende que tras el fundamento siguió una pérdida en la que todavía estamos y estaremos, mientras que la filosofía sostiene que el fundamento sigue fundando y fundará.

b.1) Hay rasgos en las filosofías pasadas que son míticas, por ejemplo:

b.1.1) La noción platónica de ‘participación’, porque pone la ‘causa ejemplar’ originaria en el Mundo de las Ideas, que es el prototipo ancestral de la realidad actual, la cual es una pobre imitación de aquélla (recuérdese también el acentuado recurso platónico a los mitos).

b.1.2) La versión del origen del neoplatonismo, pues lo real actual lo explica como una caída en cascada desde una realidad primigenia que pierde su índole pujante, aunque admite que a esa realidad originaria habrá que volver de algún modo en el futuro.

b.1.3) El materialismo, porque defiende el primado de la causa material sobre las demás, y ésta sólo es primera según el tiempo pasado (en efecto, ésta pesa más en el pasado que en el instante y en el futuro, porque a ella en el instante la formaliza la formal, y dada la eficiente, la formal va cambiando a mayor perfección en el futuro debido a la atracción de la causa final u orden cósmico).

b.1.4) El psicoanálisis, que sostiene que todo lo que pasa al hombre es debido a asuntos previos según el tiempo, que son de índole somática, impulsiva y preconsciente.

b.2) Hay rasgos en las filosofías actuales que son míticos, por ejemplo:

b.2.1) Esas hermenéuticas –tan vigentes hoy– que sostienen que la situación socio-cultual humana actual se entiende ‘fundamentalmente’ por el recurso al pasado.

b.2.2) El intento actual de reducir la filosofía a narrativa literaria de cualquier tipo (biográfica, ensayística, novelesca…), porque recurriendo al tiempo intenta explicar lo que lo transciende, pues la estructura del mito es siempre temporal, mientras que la filosofía transciende el tiempo.

b.3) También hay rasgos míticos en el actual saber teológico, por ejemplo: el intento explicar los temas centrales de la revelación por el único recurso a conocer mejor el lenguaje y el contexto cultural de las Escrituras

  1. c) Con la revelación. El mito se parece a ella en que habla de ‘hechos y dichos’ pasados, pero se distingue en que, para ésta, la explicación final de los mismos se dará en el futuro histórico y posthistórico.

c.1) Si a causa de la mentalidad mítica se considera que la doctrina judeocristiana acerca del pecado original que pesa e influye en la naturaleza de todo hombre es mítica, hay que responder que el pecado original ha sido redimido por Cristo, y sigue siendo redimido cada vez que uno es bautizado ahora, por lo que se convierte en nueva criatura –hijo en el Hijo– de cara al futuro histórico y posthistórico, de modo que en modo alguno se trata de un asunto mítico. Mítico solo es el que se queda y vive exclusivamente con lo que sucedió en el origen de la humanidad, en el pecado.

c.2) Si se piensa que la figura de Cristo es mítica, porque se dio hace más de dos mil años y que influye hoy en demasía en sus seguidores, hay que responder que Cristo no ha pasado porque, como Dios que es, es eterno (‘Cristo, ayer y hoy y siempre’). Además, se espera su segunda venida, la definitiva, en el futuro al final de los tiempos (no se puede decir lo mismo de los demás fundadores de religiones, puesto que ninguno de ellos es Dios y de ninguno se espera una segunda venida).