LA FILOSOFÍA EN SU HISTORIA (J.F. SELLÉS)

2. Religión y revelación

a) La religión. Es natural al hombre, pues toda persona humana, como novedosa e irrepetible que es, y por no acabar de conocerse en esta vida, sabe que no es un invento propio, ni de la biología, ni de la sociedad, ni de la historia, ni de la cultura… Por tanto, busca al ‘inventor’ personal de tal proyecto singular, y a buscar en él quién es uno como proyecto personal distinto. Sobre esta apertura personal se han conformado multitud de religiones positivas a lo largo de la historia de la humanidad, en las cuales se aprecian diversas manifestaciones colectivas de buscar a Dios por parte de los hombres. Que tales modos hayan admitido históricamente en sus comportamientos tanto asuntos naturales como antinaturales no importa ahora.

En cambio, en el cristianismo no son los hombres los que han buscado a Dios, sino que es Dios mismo el que busca a los hombres, y no los busca de modo colectivo, sino uno a uno, a cada quién, y esto, para una misión distinta en cada caso. El que Dios busque a cada persona humana se puede realizar de muchos modos: en la intimidad de cada quién, a través de intermediarios visibles, irrumpiendo manifestativamente el mismo Dios en la historia. Para que no albergase duda acerca de que es Dios quien busca o llama, él mismo se ha manifestado históricamente.

b) La revelación. El cristianismo no es una religión natural, sino una revelación sobrenatural y una respuesta personal elevada. La revelación implica la elevación de cada hombre a quién Dios se dirige, y no, en concreto la elevación de la razón o de la voluntad humanas, sino de la persona o acto de ser humano, que es superior a dichas facultades. Por eso, desde la elevación de la persona humana cabe indicar qué elementos racionales y volitivos de las religiones positivas son acordes con la naturaleza humana y cuáles no, lo cual significa que el cristianismo, por ser sobrenatural y personal, puede juzgar a las demás religiones naturales y adquiridas. El mero hecho de proponer al cristianismo como una religión más, en el plano de igualdad con las demás, supone desconocer su índole. Se puede aceptar o no, asunto que es personal y libre, pero no se puede negar su índole sobrenatural y personal.

¿Por qué Dios ha tomado la iniciativa de revelarse a sí mismo al hombre? Por amor personal, el cual no es tal sin la libertad y conocer personales. Dios se ha revelado porque libremente ha deseado, y porque ama a quién se revela. Pero como el mensaje revelado no es válido en exclusiva para aquél a quién Dios se revela, sino para los demás, todos pueden saber no sólo que Dios es amor, sino que nos busca amorosamente, lo cual manifiesta que el Dios revelado es la réplica felicitaria personal que cada persona humana busca. Si el cristianismo, más que una religión, es una revelación, tal novedad manifiesta a la filosofía que, además de buscar el hombre a Dios, que es la superior búsqueda del corazón o núcleo personal humano, cabe todavía una búsqueda superior: la de Dios a cada hombre. Esta novedad posibilita dirimir entre qué manifestaciones religiosas naturales son acordes con el mensaje revelado y cuáles no, pues si la religión natural, la búsqueda de Dios, es el deseo más íntimo de la persona humana, la revelación añade contenido temático a ese anhelo, a la par que eleva esa búsqueda noética humana de Dios.